miércoles, 6 de septiembre de 2017

Yo aparezco cada vez que una escritora me piensa de Ligia Álvarez


Yo aparezco cada vez que una escritora me piensa


Mi escritora favorita y mi inspiración.

De luto en Europa.
Aquí yace y fue en este lugar donde la entrevisté en mis sueños.
Entrevista imaginaria a Teresa de la Parra por Ligia Álvarez
Pasos perdidos que sin embargo me llevaban hacia la avenida Panteón. No entendía el porqué pero iba con la firmeza y seguridad que experimentamos cuando alguien aguarda por nosotros. Hacía media hora que el calor sofocante y el insomnio me sacaron de la cama. No me detuvieron el peligro, ni la oscuridad. Tenía la certeza de que alguien me esperaba. Lo que no sabía era quién. Así que seguí cuesta arriba por la avenida Fuerzas Armadas hasta alcanzar la avenida Panteón. En mi caminar nocturno uno que otro individuo logró sobresaltar mi perseverancia pero al mismo tiempo sentí que una presencia invisible guiaba y custodiaba mis pasos. Minutos menos, minutos más, llegué al Panteón Nacional. El edificio histórico me invitaba a penetrarlo, abrió sus puertas majestuosamente e ingresé. Aquel ambiente solemne, silencioso y en penumbras atemorizó mis sentidos. De repente apareció ante mí una figura delgada y refinada. Llevaba un vestido largo color blanco de fina tela, calzaba zapatos negros de tacón bajo. Lucía su cabello oscuro muy corto hasta el inicio de la nuca, dividido en dos partes. Casi no usaba maquillaje, salvo el color rosado que resaltaba en sus labios. Desde su delicado cuello y sus orejas, dos joyas brillaban en la oscuridad. No comprendí nada al inicio, tal vez fue mi incrédulo rostro lo que hizo que ella estallara en una sonora carcajada.
Liyita, -me interrogó- ¿No eres tú la que quiere escribir una obra de teatro sobre mí?
Un poco aturdida por escuchar el diminutivo familiar de mi nombre respondÍ:
Disculpe, no entiendo… pero usted se parece a … ¿es que acaso no es…?
Ana Teresa Parra Sanojo-afirmó.
¡Teresa de la Parra! –exclamé
Sí la misma que escribió los libritos Las Memorias de Mamá Blanca e Ifigenia.
¿Libritos? Yo diría librotes.
Librito lo dije por cariño, no siempre el diminutivo sirve para reducir, también lo podemos emplear para expresar mucho afecto, librito es una palabra más bien mimosa. ¿Y sabes? librote también podría significar mucho peso pero poco valor. Dime, ¿Y cómo piensas llamar la obra?
Teresa en Caracas.
Sabes que me gusta el título. Sobre todo por lo de Caracas. Siempre adoré Caracas, mentí muchas veces cuando inquirían sobre mi lugar de nacimiento. Realmente nací en París, donde papá se encontraba en misión diplomática. Pero yo siempre estuve impregnada por el perfume evocador de la tierra querida, situada en pleno trópico.
Caraqueña perdida en el lejano oriente.
¡Ah! Estás haciendo referencia a Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente. La que realmente hizo el viaje fue María, mi hermana, pero la escritora era yo y plasmé su aventura en el papel. Si mi memoria no falla escribí el diario en 1920, salió publicado en la revista Actualidades, dirigida por Rómulo Gallegos. No sólo tomé del viaje que emprendió María al Lejano Oriente también de otros viajes que hizo. ¿Por qué querías verme?
Quiero entrevistarte, Teresa. Escribir una obra de teatro requiere conocer muy bien los personajes, escudriñar los secretos más ocultos. Al menos eso es lo que me enseñó mi maestro de dramaturgia. Me dormí pensándote y ahora me despierto ante ti.
¿Acaso crees que has despertado? Conmigo sólo se puede conversar en sueños.
Suelo tener un sueño muy ligero, todo me despierta, hasta el sonido de las alas de una mariposa, entonces vamos a proceder a la entrevista, no quiero perder tiempo, podría despertar para mí pesar. ¡Pero qué cosa! No traje nada, ni una libreta.
Bien, eso no importa. Recordarás cada palabra que emerja de mis labios.
¿Cuando viviste en Venezuela siempre permaneciste en Caracas?
No siempre, desde antes de mis recuerdos viví en la hacienda Tazón, muy cerca de Caracas. Fue ese ambiente campestre y sencillo el que quise transmitir en mis Memorias. Pero cuando contaba con tan sólo 8 años, papá murió, al poco tiempo, mamá decidió que nos marcharíamos a España. Estudié en el colegio Sagrado Corazón, de allí son los personajes María Eugenia y su amiga Cristina de Ifigenia.
En la época en que escribiste prevalecía el Criollismo, lo masculino, lo elocuente, la política en la literatura. Tú te alejaste de esa tendencia.
Me mantuve firme a otras convicciones. Dejé a los hombres esos temas. Yo quise fortalecer lo femenino. Recuerda que en esa época la mujer era considerada débil y debía contar con el aval masculino, pero me rebelé a todo ello. Me fascinaba el habla coloquial caraqueña pero jamás quise que reproducirla fuera el fin de mi obra, sólo busqué emplearla como un recurso.
¿Recuerdas tus primeros escritos?
Fueron unos versos, estudiaba en el colegio por allá en 1909, todavía no tenía 20 años. Los compuse para el día de la Beatificación de la Madre Magdalena Sofía Barat. Recibí un reconocimiento, un premio escolar, fue el primero, desde ese día comencé a pensar que la escritura me venía bien. Era algo natural que en mi nacía, y la hoja y la pluma se convirtieron en mis compañeras inseparables.
Mis ojos se detienen en sus finos dedos, uno de ellos decorado por un hermoso anillo.
¿Es de esmeraldas tu anillo?
Esmeralda verdadera.
En estos tiempos no se pueden usar sin poner en peligro la vida.
Realmente es la sombra del que fue, porque el verdadero se lo dejé a una amiga cuando morí. Este anillo tiene una trascendencia en mi vida, y dudo que pueda ponerla en peligro ni en los tiempos antiguos ni en los modernos. Me lo dejó de legado mi gran amiga Emilia Ibarra. Nunca más quise desprenderme de él ni siquiera en este plano atemporal en el que continúo viviendo.
¿Quién fue Emilia y que significó para ti?
Emilia fue mucho más que amistad, trascendió ese sentimiento que por sí ya es profundo. Durante muchos años viví en su casa. Emilia Ibarra de Barrios Parejo era su nombre completo. Era para mí todo un mar de cariño. Después de su muerte no hice sino pedir limosnas de ternura y en las noches en mi cama buscaba mendrugos y al no encontrarlos las tristezas subían y luego bajaban por mis mejillas. Recuerdo que en los buenos tiempos, organizaba en su casa tertulias con escritores consagrados. Fue ella quien inspiró la creación de Mercedes Galindo en Ifigenia. Allí conocí a José Rafael Pocaterra quien me invitó a escribir en su revista Lectura Semanal. Emilia falleció en 1924, le dediqué Ifigenia: ¿recuerdas? A ti, dulce ausente, a cuya sombra propicia floreció poco a poco este libro. A aquella luz clarísima de tus ojos que para el caminar de la escritura lo alumbraron siempre de esperanza, y también, a la paz blanca y fría de tus dos manos cruzadas que no habrán de hojearlo nunca, lo dedico. Emilia era bella, pero además de bella, encantadora. Cuando hablaba parecía que se interpretaba a sí misma. Empleaba las manos, la boca, los ojos, la cabeza, la voz, la sonrisa, todo. Era sutil y armoniosa, poseía mil matices y a los mil los amé. Cuando murió me sumí en una tristeza sin final, llevé luto en el corazón el resto de mis días. A ella le debo haber vivido no con riquezas pero sí independientemente porque me dejó el usufructo de su fortuna, bajo la condición de que permaneciera soltera. Para mí no fue un sacrificio porque jamás quise atarme a ningún hombre pero a Emilia sí estuve atada. Conservé conmigo su fotografía. Cuando morí en 1936, dejé instrucciones expresas para que fuera colocada junto conmigo en mi ataúd. Mis emisarios cumplieron la tarea, sólo que de lo que de mí quedó fue trasladado dos veces. Una vez de España hacia el Cementerio General del Sur en Caracas y después a este panteón, a esta iglesia de la Santísima Trinidad que es donde hoy reposo y solamente retorno al mundo exterior en momentos especiales.
¿Teresa que había en ti de María Eugenia?
Todo y nada. Todo porque en este personaje están plasmadas las rebeldía juveniles y nada porque definitivamente siempre me rebelé contra las imposiciones de la sociedad en la que me tocó vivir. En mis tiempos, muy pocas mujeres escribían. Ése era un mundo masculino. Yo entré en ese ambiente, no me conformé con ser un elemento decorativo en las recepciones de los grandes cacaos de Caracas, de los amos del valle. Yo quise ser yo. Mucho se me criticó en la época en que viví en casa de Emilia, se decían atrocidades. Pero lo cierto es que lo que se hacía en aquellas sabrosas reuniones era discutir sobre las tendencias literarias, y artísticas en general. También ejecutábamos el piano o la guitarra y siempre había quien leyera sus poemas u otros escritos. Aquello era vivir. María Eugenia, no se conformaba con el papel que le tocó en la novela de su vida, se rebeló pero eso no fue suficiente, al final hizo lo que la sociedad le impuso. Yo en cambió no me dejé imponer nada. A mí nunca me gustó que el banquete fuera sólo para los hombres, yo irrumpí en él ¡y cómo lo disfruté! Ifigenia es eso, mis palabras en contra de la sociedad que no permitía a la mujer expresarse con su voz propia.
¿Se dice que fumabas y que hasta manejabas un automóvil que para la época eran cosas inaceptables en una mujer?
Si no me equivoco fui la primera mujer en manejar un automóvil en Caracas. Recuerdo como todos se detenían a mirarme.Las mujeres criticaban pero en el fondo sentían envidia y los hombres condenaban pero al mismo tiempo deseaban aproximarse a mí. Claro eso era tan raro, Caracas realmente era una provincia entonces. Cuando se enteraban de que yo conduciría, aquello era como un espectáculo público, un circo. Toda Caracas se asomaba a la ventana, toda Caracas se detenía en las aceras ¿Y yo? Felicísima. Toda Teresa, toda de la Parra.
¿Qué significó para ti Gonzalo Zaldumbide?
Yo sentía por los hombres terror, pero por Gonzalo sólo miedo. ¡Cómo me hubiera gustado que me quisiera con alma de mujer! El canto de su amor lo veía y sentía en todos lados, ¡tú y siempre tú, Gonzalo!, ¡hasta en el amor o en el deseo que se levantara a mi paso! A veces su amor me hacía sentirme triste, triste, triste.
¿Y Lydia Cabrera?
Una escritora cubana.

Lo sé pero, ¿Qué significó Lydia Cabrera en tu vida?
Fue mi amiga inseparable desde que la conocí en 1927 hasta mi muerte. Le dejé mi anillo de esmeraldas. A ella le debo la compañía y cuidados que tanto se requieren cuando estamos sufriendo de muerte. Me brindó mucho afecto. No olvido las inyecciones de aceite alcanforado que tanto me aliviaron, igual que sus palabras, su preocupación verdadera. Por mi enfermedad descuidó sus cosas, su atelier, su escritura. Se encerró conmigo en el sanatorio suizo, de vez en cuando regresaba a París para ver cómo estaban las cosas, aquel tiempo breve de separación era para mí muy largo. Mis últimos días fueron para ella noches de no dormir hasta que llegó el 23 de abril de 1936 cuando definitivamente abandoné a mi cabrita, a Lydia. Amiga Liyita, está por aclarar, me desvaneceré en instantes, pero recuerda si otra vez quieres hablarme, piensa en mí, porque yo aparezco cada vez que una escritora me piensa.

Ante mí se esfumó, y yo comencé a observar los mausoleos, como los otros visitantes que ya habían iniciado su entrada al imponente panteón, tratando de parecer normal, ¡pero qué va! Mi comportamiento estaba lejos de lucir natural. ¿y Cómo? Imposible. Acababa de entrevistar a Teresa de la Parra.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Caracas, la convulsionada de Ligia Álvarez

¡Qué tarde es! -Pensó- De inmediato recordó la imposibilidad de trabajar ese día. Lucía en realidad un tanto arriesgado. Caracas estaba convulsionada. Habría un recorrido desde el Este y una concentración que esperaría en el Oeste. Eran bandos contrarios, al parecer irreconciliables. Sin apuro, abandonó la cama y encendió la televisión. -Vienen para acá, van a pedir su renuncia- Condujo los pasos por el piso de cemento hasta el baño. De un envase sacó un poco de agua con un vasito. Lavó su cara y se cepilló los dientes como pudo. Después de secarse, caminó con lentitud hacia la cocina. Abrió la nevera. Sólo había agua. Nada más. Sabía también que ni en su cartera ni en la cajita donde solía guardar dinero tenía un céntimo. ¿Qué hago mi Dios?, ¿acaso hoy no voy a comer? De repente una idea iluminó su mente. –A un lado el temor, me voy a la concentración. Como los “contra” avanzarán hasta donde están congregados los “pro”, entonces aprovecho y les vendo a los dos grupos. Total a mí no me importa quien me compre, lo que me interesa es que lo hagan. Una vez vestida con la ropa que usaba para la calle, tomó la bolsa negra donde guardaba su mercancía. Salió. Había agitación y tensión afuera. Algunas personas corrían tratando de alcanzar cualquier sitio donde estar seguros. Ya se sentían los gases y el olor a pólvora. Le costó abrirse paso entre el gentío, pero lo hizo. En una esquina colocó el mantel, y una a una dispuso las cajitas de algodón, los cortaúñas, las revistas usadas, las cintas adhesivas y las pilas. Cerca, un niño de la calle caraqueña saboreaba un mango. En ese momento entre consignas, pitos y boinas, sonaron varios disparos. La multitud huyó. Ella no tuvo tiempo de nada. Cayó fulminada de un tiro sobre el sucio pavimento, justo al lado del niño de la calle caraqueña que tampoco comprendió lo que estaba pasando. (Relato inspirado en hechos acaecidos en abril de 2002 en Caracas)Ligia Álvarez

sábado, 4 de marzo de 2017

FLORES Y ARSÉNICO de Ligia Álvarez. (Fotos de su primer montaje)


FLORES Y ARSÉNICO

de Ligia Álvarez

 

Los actores de Flores y Arsénico en la televisión antes de la presentaciones en el CELARG



 

martes, 31 de enero de 2017

EL MAJARETE VENEZOLANO CON POESÍA, AMOR Y OTROS INGREDIENTES





EL MAJARETE VENEZOLANO CON POESÍA, AMOR Y OTROS INGREDIENTES




Postre que nos dan a probar


tanto cocineros consagrados,


como señoras y señores de hogares adorados.


Cuando se saborea un poco, nuestro paladar


nunca más lo podrá olvidar.


Su contextura suave se desplaza


produciendo dulce delicia que nos acaricia.


LOS INGREDIENTES


El majarete se degusta en cualquier época del año sin hacerle al cuerpo ningún daño. Sin embargo, para nadie es un secreto esto: la Semana Santa y este platillo, con frecuencia, van tomados de la mano.


Para la religión es un plato profano, en realidad no se puede considerar villano y es del gusto de cualquier ser humano, inclusive de alguien de algún lugar muy lejano.


Sus dos ingredientes básicos son un coco y una taza de harina de maíz, siendo ambos elementos tan importantes y primordiales por lo que no son de ninguna manera rivales. Vieron la luz en nuestra América, considerados de los dioses goces y es por ello que los venezolanos los adoramos igual que lo hicieron nuestros coloniales niños, jóvenes y ancianos. Estos componentes son manjares de ufanos artesanos de su alteza la naturaleza.


Además de los ingredientes ya mencionados, hay otros más adicionados:


Se necesitan dos tazas de agua tibia y cristalina que nada más de verla alucina,


y cuando se prueba embelesa como si alguien te besara la cabeza.


Son obligatorias dos tazas de leche de vaca para que la mezcla no quede opaca.


Requieres de un cuarto de kilo de papelón, elemento esencial como en la limonada, es el limón. La panela como también se le llama es más natural que el azúcar, endulza de manera sana sin ser refinada industrialmente, ¡vaya información! Es para prestarle gran atención.


También se precisa de clavos de olor y polvo de canela, que dan la fragancia y el sabor que en una receta se anhelan.


Agrega un puntico de sal, lo cual te lo agradecerá cualquier comensal por no quedar el postre empalagoso negándole el cabal gozo.


LA PREPARACIÓN


No le dejes al coco la vestimenta marrón ni la negra tampoco. Quédate con su pulpa blanca que te volverá agua la boca.


Córtalo en cuadritos y licúalo con una taza de agua tibia, hasta la savia obtener para ponerla a valer.


Filtra esta primera mixtura y licúa el bagazo como un hechizo con la otra taza del vital líquido.


Obtendrás dos tazas de leche de coco, como si fuera poco.


Una de ellas se une sin pena a la harina junto con dos tazas de leche de vaca que la sed aplaca y se licúa de manera constante sin detenerse antes.


Lleva la mezcla al fuego lento y mantente atento, agrega los clavos de olor y la sal y así adquirirá el delicioso sabor ancestral.


Al empezar a hervir añádele el papelón y la otra taza de leche de coco, deja que hierva por quince minutos hasta que se convierta en una especie de atol, si hasta ahora todo está bajo control.


Derrama la mezcla sobre moldes de peltre no muy hondos y deja que cuaje y enfríe antes que el apetito arrecie.


Ya frío, haz que llueva canela en polvo sobre cada majarete en su molde y pide a tu familia que se acomode.


¡Ah!, casi se me iba a olvidar: reserva un platico para obsequiar a algún vecino con quien quieras cultivar amistad, te lo agradecerá y más nunca te abandonará.


















miércoles, 21 de septiembre de 2016

Hijita, ¿y aquí no se escucha más nada?


 
     Cada época tiene una música especial. Muchas canciones  hacen que evoque momentos estelares de mi vida. Ésta, específicamente, “I just called to say I love you” me transporta al año 1984, cuando pasé las últimas festividades navideñas y de fin de año  con mi inolvidable abuelo “Papaíto Pedro”.

     La melodía estaba de moda. Ese año me había graduado de profesora de inglés. Aún no había conseguido empleo y mamá me obsequió el disco o Long Play (Larga duración). El 31 de diciembre de ese año me dio por repetir y repetir la pieza infinidad de veces en el Pick up de casa. Mi abuelo reclamaba: “Hijita, ¿y aquí no se escucha más nada?"
     En febrero del siguiente año, comencé a dar clases en un liceo público y empleé la balada como recurso didáctico para enseñar la lengua extranjera. Recuerdo que me tocó un quinto año de bachillerato.  Los estudiantes casi tenían mi edad. Me he tropezado con unos cuantos de ellos por las calles de Caracas y algunos parecen hasta mayores que yo misma.... Oh, my goodness.

jueves, 14 de abril de 2016

UN DÍA DE MERCADO



En mi infancia, acudir al mercado era un acontecimiento feliz, una celebración, una fiesta. Se erigía como un tiempo de alabanza. Lo veíamos como un día de agradecer al creador el poder adquirir el sustento.
Con siete años, iba con mis abuelos y mi madre al templo de la abundancia en la búsqueda de las frutas, las verduras, carnes, pescado fresco, o leche.  Cada espacio poseía  un olor particular.  Las frutas y verduras me trasladaban al campo. La leche me recordaba la vaca risueña de la televisión. El pescado me hacía añorar el mar. La carne era lo que menos me gustaba. Recuerdo a mamá diciéndome que me la comiera en el almuerzo y yo me negaba porque no quería  engullir un cadáver. Ella reía y respondía:
“entonces anda y le pegas un mordisco a una vaca viva”.
No olvido los anchos y largos pasillos del  mercadito de la niñez. El corredor que más me gustaba: el de las galletas y caramelos. Las compotas me enloquecían y los cereales azucarados me encantaban.
Llenábamos el carrito con necesidades, curiosidades y antojos. A veces había que devolver  artículos porque nos pasábamos del presupuesto. Pese a todas las congojas llevábamos para quince días. Transcurridos los cuales volvíamos a emprender el camino al mercado.
Hoy,  el mercado tiene otra dirección.  Se mudó a la calle de la tragedia. El disfrute quedó atrás, ya ni  su sombra se ve. Es el mercado donde se compran tristeza, silencio, pesar, ofensa,  cansancio,  pesquisa al salir.  Todos estamos apremiados de alimentos y todos estamos propensos a saquear, según los dueños, o empleados-esclavos que  en realidad me despiertan  una  piedad hermana del desprecio.
Escucho:
“Despégate de ese refrigerador, salte de él y sonríe, sonríe aunque no tengas ganas, o carezcas de fuerza. Sonríe así tus hijos vivan famélicos. No importa más nada, solamente muestra la cédula  y sigue la flecha y no te vayas por otro camino. Apúrate que no vas a conseguir nada.  Si  hoy no le toca a tu  número, vete a llorar al valle, no me importa que tu nevera esté vacía  porque  la mía está llena. Tengo privilegios, tengo un amigo que trabaja en el súper y me cuadra una paca, y la leche fresca y el café oloroso que despierta”.
Los nuevos comerciantes informales del siglo XXI, y los ciudadanos  honorables  se confunden como se mezclan los que pueden pagar y los que después de seguir  la lógica de la cola se les imposibilita costear el alimento del cuerpo y únicamente están destinados a nutrir el alma con los estómagos vacíos.
Todo esto pensaba yo,  mientras resignada daba diez pasos cada veinte minutos hacia un adelante que me llevaba hacia atrás y me hundía en la fosa más insondable durante  seis horas. No lo vuelvo a hacer, esta es la última. No perderé horas de mi vida así: prefiero vivir, vivir con apetencia insatisfecha  pero vivir y no existir. Vamos, sal de este infierno. Te espera un mundo, el teatro, la poesía, la música. Vamos, date prisa y enciende la luz, ahí al final  ¿no ves la vela? Extiende la mano.  La encontrarás.  (Creo que no es necesario decir, que hoy fue mi día de hacer cola).Ligia Álvarez


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Presentación del monólogo Madriguera Alegre para Apetitos Tristes de la dramaturga Ligia Álvarez, interpretado por la joven actriz Mariana Inés Gil


 El pasado viernes 13 y sábado 14 de noviembre de 2015, llegó a la sala Doris Wells de la Casa del Artista la obra de teatro “Madriguera alegre para apetitos tristes”, escrita por la dramaturga Ligia Álvarez, bajo la producción de David Ortega y la actuación de Mariana Inés Gil.


 Con Madriguera alegre para apetitos tristes, Ligia Álvarez logra plasmar la historia de Francisca, una mujer madura que intenta cumplir sus deseos más anhelados a través de los sabores, olores y experiencias culinarias, que no son más que un reflejo de su propia vida, y tal vez la de todos. Francisca es ante todo humana y cuenta su historia haciendo catarsis entre risas, reflexiones, ollas y cubiertos. Le pone sabor picante y miel a los días en su madriguera.




 La autora y directora de la obra, Ligia Álvarez, actualmente se desempeña como profesora de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE). Se ha caracterizado por plasmar en el papel obras con temáticas femeninas, históricas, existencialistas y otros tópicos de fino humor.



 La dramaturga Ligia Álvarez , además de escribir piezas como Luisa heroína, con la que se ganó el Premio de autores Inéditos de Monte Ávila 2012, ha creado Sucedió esa noche, Carabobo Nevado, Almas insomnes, Flores y arsénico, Livia regresa a escena, Estación Los Dos Caminos, Aceite de Roca, entre otras obras de teatro.
Fotografía: Isaac Franco


jueves, 8 de octubre de 2015

Lectura dramatizada de Estación Los Dos Caminos











Luisa heroína de Ligia Álvarez


Luisa heroína es una obra teatral que recoge un episodio de la historia de Venezuela a principios del siglo XIX, a través de la vida de una mantuana: Luisa Cáceres de Arismendi (1799-1866). A los quince años experimentó la pérdida de un familiar cercano, lo que ocasionó que su vida se desarrollara precipitadamente y que aferrara su cordura a los únicos pilares que, en sus pocos años de existencia, pudo construir: los recuerdos y las enseñanzas familiares. 

En este título, Ligia Álvarez muestra a los lectores la calidad de su pluma mediante recreaciones que juegan con la biografía real de la protagonista y la verosimilitud en un texto literario, al imbricar lo real-histórico y lo ficcional-posible. Al mismo tiempo, esta obra dramática está construida mediante analepsis, pasajes retrospectivos que rompen la secuencia cronológica de la historia, dando así un tono oral.








miércoles, 27 de mayo de 2015

Algunas consideraciones e imágenes de Madriguera alegre para apetitos tristes...Obra teatral de Ligia Álvarez

La obra teatral Madriguera alegre para apetitos tristes dura 50 minutos.



 La dramaturgia es de Ligia Álvarez. El año pasado (del 29 de mayo al 1ro de junio de 2014) se presentó en la Sala Experimental Sótano 3 del CELARG, Caracas, Venezuela. La dirección y actuación estuvieron a cargo de la misma autora. Actuó también Carlos Manrique como Heriberto. En los aspectos técnicos  participaron Iztayú Echenagucia, en la iluminación y David Ortega en la musicalización.  Alexander Hurtado colaboró en el maquillaje.
 Agrupación Artescena Andares y Decires
 Ligia Álvarez, (ligialvarez@gmail.com)

Sinopsis de Madriguera alegre para apetitos tristes 

Francisca es una mujer sola. Vive de sus recuerdos y guarda dentro de sí el trauma por haber sido una niña abandonada junto con su hermana. Cuando su padre deja la casa, su madre se suicida. Todo esto ha determinado su comportamiento. Su sueño siempre ha sido tener su propio programa culinario de televisión. Al inicio del monólogo, su sueño se ha cumplido. El espectador reirá, se conmoverá y reflexionará. Las acciones se desarrollan en el set de cocina del canal donde ha ganado la audición para convertirse en la gran chef del siglo XXI.







martes, 29 de julio de 2014

HUBO UNA VEZ EN CARACAS... UN TERREMOTO Y UN NACIMIENTO


HUBO UNA VEZ EN CARACAS... UN TERREMOTO Y  UN NACIMIENTO



El 29 de julio de 1967,  yo cumpliría en un par de meses siete años de edad. Desde unos días antes mi mami Ligia, se encontraba hospitalizada porque estaba a punto de nacer su segundo bebé. Ese día mi primera hermana menor nació en la Maternidad Concepción Palacios. Yo, ajena, a todo lo que no fuera mi mundo del juego, me quedé al cuidado de mis abuelos Carmen Adela y Pedro. Me sentía  el centro del universo, porque era la niña consentida de la casa.  Aproximadamente a las 8 pm de aquel sábado, mi abuela se encontraba terminando sus oficios del día en la cocina y yo en mi pequeña habitación jugaba con mis muñecas favoritas. De repente veo que mi padrastro Rafael irrumpe en  el cuarto y me carga para sacarme. Me sorprendí porque fue algo inesperado y además me molestó que una de las diminutas pantuflas salió de mi pie. Al parecer lo único que me importaba en ese momento porque empecé a gritar: ¡mi Cholita! ¡mi cholita! Por supuesto, el esposo de mi madre no me hizo caso y presuroso me llevó hasta la calle. Finalmente, entendí que estaba ocurriendo un terremoto. En mi comunidad, todos dejaron sus viviendas y se aglomeraron en la calle. Recuerdo a un señor llamado Lorenzo, quien bebía consuetudinariamente,  que gritaba: ¡Gracias a Dios!, ¡el mundo se va acabar! Mientras tanto en la avenida San Martín, mi mamá únicamente vestida con una bata blanca abierta por la parte de atrás como la que usaban todas las pacientes, y otras recién paridas abandonaban la maternidad con sus bebés en brazos. El lugar fue evacuado por seguridad. Después de salvarme, Rafael se dirigió hacía el hospital para saber cómo estaban mi madre y la recién nacida. En esos tiempos no había celulares y pese al caos, se encontraron caminando en direcciones contrarias cerca de los bloques de El Silencio. El padre emocionado tomó la bebé en los brazos y marcharon hacia el hogar. Con suerte consiguieron que alguien los llevara en automóvil. En la comunidad, la familia y los vecinos recibieron con alegría a Ligia y a su hermosa bebé: Deyanira del Carmen. ¡Feliz cumpleaños, hermana! ¡Dios te bendiga y que el espíritu de nuestra mami te acompañe siempre!

viernes, 7 de marzo de 2014

Frío de muerte

     Hoy 7 de marzo de 2014 pasé por los alrededores de la Plaza Bolívar y decidí entrar al Museo Sacro, hace unos meses traté de visitarlo pero no estaba abierto al público. 
     Pude observar la primera sala, en ella había vestimenta de obispos, imágenes de vírgenes,  esculturas, objetos y cuadros religiosos. El sitio estaba solo, era yo la única visitante. Me dirigí a la segunda sala, en la puerta me detuve, una fuerza inexplicable me hizo retroceder. Sin embargo, me propuse seguir.  Ya adentro  un frío atravesó mi cuerpo y no fui capaz de continuar el recorrido. Nunca antes había  mi ser sentido ese frío sepulcral.
  Al llegar a casa busqué información sobre el Museo Sacro y entendí el porqué de lo que sentí. Durante la época colonia este museo fue un cementerio. Existen doce criptas donde se presumen están los restos de los primeros obispos caraqueños. Excavaciones que se hicieron en los años ochenta revelaron la presencia de veinticinco cadáveres  y también se conoce que allí descansan los cuerpos de las personas ajusticiadas por José Tomás Boves cuando ingresó a Caracas en 1813. También encontramos una Cárcel Eclesiástica. Una vez leída esta información entendí que la fuerza helada no fue otra cosa que el frío de la muerte. A continuación, comparto algunas fotos que pude tomar.




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lunes, 21 de octubre de 2013

Edipo en el barrio: Análisis personal de la obra teatral Historias de cerro arriba de Rodolfo Santana.



Edipo en el barrio: Análisis personal de la obra teatral Historias de cerro arriba de Rodolfo Santana.
Ligia Álvarez


Para el análisis de Historias de cerro arriba, nos apoyamos en Estructuralismo Genético de Lucien Goldmann. Para este autor, las obras literarias son producto de unas condiciones sociales determinadas. Es decir la creación literaria no es un fenómenos irracional y misterioso que resulta de la inspiración extraordinaria de un ser fuera de lo normal aislado del resto de los hombres y de la vida ordinaria, más bien constituye una expresión particularmente precisa y coherente de los problemas que se plantean a los hombres comunes en su vida diaria, y de la manera en que éstos son capaces de darles solución. Para Goldmann las obras literarias tienen por sujeto creador no al individuo, sino al grupo social. La conciencia individual de quien escribe es una estructura parcial, que como tal puede ser comprendida, pero su génesis y sentido total sólo pueden ser explicados a partir de la colectividad. Un análisis fundamentado en el estructuralismo Genético pretende estudiar las piezas dramáticas partiendo de la relación entre la cosmovisión del autor, en este caso de Rodolfo Santana, y las condiciones históricas que la hicieron posible. Para hablar de Rodolfo Santana, es necesario mencionar a Cèsar Rengifo, con quien lo comparamos y consideramos los dos dramaturgos màs importantes de nuestro país. César Rengifo es escribìa para crear conciencia histórica y conciencia social, Rodolfo Santana le presenta al espectador situaciones para que éste tome conciencia social a través de sus obras. Desde muy joven, Rodolfo Santana estuvo ligado a las comunidades haciendo teatro. A través de su obra o por lo menos de la mayor parte de su obra leemos al país. Así como leemos nuestra historia al acercarnos a César Rengifo. Su obra no es intimista, no es individualista, es social.
En Historias de Barrio Adentro, Rodolfo Santana nos permite mirar hacia el barrio, hacia el cerro situado en la periferia urbana. Sus personajes son reales, tomados del universo cotidiano y por ello se expresan como lo hacen las personas que se desenvuelven en este contexto. Para ello sus oídos se convirtieron en ávidos receptores que perciben el habla habitual y los problemas diarios y las angustias citadinas y las tragedias de todos los días que no por ser diarias dejan de ser desgraciadas y funestas. Tal vez peor porque sufrir una sola tragedia en la vida es duro pero que se puede decir de sufrirlas todos los días. La hostilidad del barrio es una tragedia en sí misma o conduce hacia ella. ¿Qué es convertirse en un drogadicto? Una tragedia. Es sucumbir ante las imperfecciones de la sociedad capitalista que igual que el McDonald atrae a la gran masa y luego los hace prisioneros, reos de vicios. ¿Qué es no tener para alimentar a un hijo? ¿Qué es ver caer poco a poco a los hijos por ajustes de cuenta o balas perdidas? Todas ellas son tragedias y Santana escoge una de ellas, el abandono de un hijo. Venderlo, regalarlo y las consecuencias que trae, porque toda acción tiene una consecuencia. Santana nos dice a través de su magnífica pieza que si un día hiciste algo mal, ese mal va a tocar a tu puerta, te va a traer sonrisas al principio pero después vendrán las lágrimas y la muerte como termina toda tragedia. El gran maestro solía afirmar en sus clases que el dramaturgo debía convertirse en turista y vivir el síndrome de este. En ocasiones se nos pasan eventos, situaciones, y personajes por no estar atentos. Aconsejaba que igual que el turista notáramos lo maravilloso, sorprendente, triste, mágico y trágico de la realidad mediante la observación acuciosa. Conoció muy bien Petare y sus barrios y es por eso que en su obra parte de una perspectiva que solo puede hacerlo quien ha investigado o ha tenido la experiencia de estar en el lugar y haber escuchado a los personajes hablar y moverse. En una entrevista realizada por Freddy Náñez dice, “Mi pueblo me enseña sus rostros, canta quedo sus canciones, mira en la dirección correcta. ¿Qué puedo hacer sino aprender? Me apego a las corales, los colectivos, los pensamientos al unísono. Y así, nunca dejo la página en blanco.” En la misma entrevista generosamente describe los pasos que contiene su método, los cuales no son nuevos para los que fueron sus alumnos. Son ocho los pasos: —Primero: escribir la historia que se desea contar. Segundo: encontrar paisajes: humano, geográfico, experiencial y temático. También es importante señalar que se ayudaba con un archivo personal formado por artículos, notas, noticias, reportajes que le hubiesen dado para escribir por 500 años. Tercero: analizar cada uno de los paisajes, dimensionando su expresividad. Cuarto: estudiar el paisaje geográfico, estructurando los espacios donde se movilizará la historia. Quinto: analizar a fondo los personajes de la historia. Escríbir su biografía. Hablar con ellos. Sexto: estudiar bien el ritmo de la historia desde su inicio hasta su final, para evitar que otros factores interfieran en su desarrollo. Séptimo: Tras la observación de los anteriores mandamientos, escribir una segunda sinopsis, ahora episódica, donde se describen, a nivel narrativo, todos los procesos de la historia que serán trasladados al lenguaje teatral. Octavo: se comienza a escribir la pieza. Estos pasos dan como producto piezas magistrales y cruelmente reales como Historias de cerro arriba.

Esta pieza data de 1972 cuando la escribe. Fue estrenada en 1982 en El Teatro Las Palmas. En 1982 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica y el premio municipal de teatro.

Historias de cerro arriba es el producto del estudio, la investigación y observación que le permitieron penetrar una realidad que es común en los barrios que a partir de los años 50 comenzaron a nutrirse de personas del interior del país que venían en la búsqueda del la sucursal del cielo que pensaron encontrarían en la capital pero que en realidad hallaronl a sucursal del infierno que los obligó a buscar maneras de sobrevivir. Y en esa sobrevivencia, el alcohol, las drogas, el delito común, la violencia a la mujer, la violencia en general, el embarazo no planificado y el abandono a los hijos para dar origen a los niños de la calle, forman parte de la cotidianidad.
El paisaje geográfico de la pieza se ubica en un barrio caraqueño, que muy bien puede situarse específicamente en uno de los barrios de Petare o en cualquier otro sitio similar. Los personajes (paisaje humano) son seres perdidos en la vorágine urbana e intentan sobrevivir según los valores que prevalecen en el entorno al que pertenecen. En el paisaje temático se observa como el interés de Santana por el teatro griego hace que parta de una tragedia en la cual el triángulo entre hijo-madre-padre se manifiesta. La relación incestuosa entre Antonia y Perucho y el asesinato del padre por parte del último. La obra se inicia con un diálogo entre Luisa y Antonia. La segunda escena consiste en una conversación entre Perucho y su abuelo. Estas dos escenas son claves porque nos van a permitir comprender más adelante la relación entre Antonia, Perucho y José. En la escena uno, Luisa acaba de llegar de la maternidad después haber parido a su hijo. Lo cambió por unas cuantas monedas, en una versión anterior, se siente desesperada por consumir crack y esa es la razón por la que vende a su hijo, sin embargo en la versión publicada por Monte Ávila sus motivos son más nobles: piensa en el futuro del niño, en proporcionarle alimentación y estudios que sabe ella no será capaz de garantizar. Desconocemos el porqué de estos cambios, pero sin duda suaviza una realidad, tal vez por censura o autocensura o simplemente edición. Al principio se cree que Luisa es la Yocasta de Santana, pero no es así. Antonia es Yocasta. Las dos mujeres por razones distintas al parecer regalan o venden a sus hijos. Tal vez esto retrata una realidad tan repetida entre seres sumidos en la extrema pobreza. La Yocasta del barrio confía a otros a su hijo, Perucho, estos mueren y es criado por un abuelo. Decide venirse a la capital a buscar una mejor vida, pero al parecer la única vía que conoce o prefiere es la delincuencia. Su padre es un policía que estuvo relacionado con Antonia. Antes de ser policía fue delincuente. Nos movemos en un mundo delictivo. Perucho, a través de Popo otro personaje, un personaje que agrega el toque humorístico al utilizar palabras rimbombantes que el resto de los personajes no entiende y debe estar explicando constantemente, va a vivir en casa de Antonia. José que quiere volver con la mujer ve con malos ojos esta relación. Así nace la atracción y se inicia la convivencia y se va trazando el triángulo. El tabaco, y no el oráculo como en la tragedia griega, va advirtiendo el mal que se avecina, entre humo, Antonia es advertida que a quien buscaba, encontrará y habrá una muerte. Un mal entendido entre Luisa y Chano hace que este la asesine (cree que Luisa y Popo mantuvieron relación sexual) José asesina a Chano, Perrucho mata a José. La relación incestuosa continúa. .
El conflicto está presente pero se va construyendo lentamente hasta explotar. Son dos fuerzas en pugna. Se enfrentan el pasado y el presente. Los personajes huyen del destino, algunos sin saberlo, pero el destino los alcanza. Se encuentran los que no deberían encontrarse. Este encuentro trae como consecuencia, el incesto y el parricidio. Antonia y Perucho no lo descubren, el abuelo lo sabe lo vio en sueños, le pide que vuelva a su Villa de Cura y Perucho no acepta. Quiere seguir con Antonia, y después de haber matado al hombre que desconoce era su padre, siente simpatía por él. La sangre llama, la familia se siente aunque tenga el sabor salado de la muerte.


Crítica teatral de Ligia Álvarez

Granada, traición y crimen. Reseña Por Ligia Álvarez   El pasado sábado 7 de septiembre, a las 7:00 p.m. —con rigurosa puntualidad—, dio in...