martes, 31 de agosto de 2021

Ahora veo tu sonrisa. Poema a José Antonio Barrios Valle

 A José Antonio Barrios Valle



Sentí la necesidad de verte en la última 

morada ya sin el rocío fresco de la sonrisa

carente de luz huérfano de la aurora de la 

vida

Esa imagen se ha ido borrando

Ahora vuelvo a percibir  tu sonrisa de niño

escudriñando libros debajo del Puente de las Fuerzas Armadas

Muchos tenías mas no te saciabas

Por eso un día de hace tiempo decidiste también escribir los tuyos

para que otro José Antonio de un tiempo posterior de no sé cuando

leyera el nombre y la breve biografía

de alguien que nació en Cádiz en una calle llamada Cervantes de una ciudad milenaria tal vez fundada 

por Hércules

En verdad eras caraqueño amigo

A Caracas la tenías sembrada en la piel y del país entero  escribiste desde el 

sentimiento de un hijo 

Naciste allá

Te fuiste aquí  

Te quedaste en los pasillos de Parque

Central, en las calles de La Candelaria y en plena avenida Urdaneta donde tantas veces te encontré y te 

sigo encontrando 

Ligia  Álvarez

10 de agosto 2021

miércoles, 26 de mayo de 2021

CRÓNICAS DE LIGIA ÁLVAREZ


MENTE POSITIVA EN EL METRO DE CARACAS


Ligia Álvarez


    La verdad es que no entiendo por qué la gente se queja tanto del Metro de Caracas. En vez de lamentarse deberían, los eternos quejumbrosos, ver el lado positivo del asunto. He estado reflexionando sobre el mismo y quiero compartir el producto de tales cavilaciones. Para ello, iré mencionando cada una de las “supuestas fallas” del principal medio de transporte de la ciudad.
¡Las escaleras eléctricas no sirven! Me pregunto, ¿usted que gimotea, puede arreglarlas? No, ¿verdad? Entonces, no diga nada y piense que gracias a eso, puede hacer ejercicios. Todos sabemos que hoy por hoy en nuestro país pagar un gimnasio es difícil debido al alto costo del mismo. Por lo tanto, aproveche y cada vez que utilice el metro vaya preparado y suba y baje con alegría. Es más, le recomiendo que si no tiene la necesidad de viajar, vaya de todas maneras a realizar sus ejercicios físicos ascendiendo y descendiendo escaleras.
¡No hay aire acondicionado o no es suficiente para tanta gente! Hay que ver que el mal agradecimiento no tiene límite. Piense en esto, si ya tiene el gimnasio gratis, también tiene derecho al sauna. En algunos gimnasios esto es un pago adicional. En el Metro de Caracas ambos servicios son completamente gratuitos ¡y se suda la gota gorda! Eso sí, ruego a quien vaya a usar el beneficio darse un buen baño con abundante agua y jabón para no aumentar la mezcla de olores desagradables que algunas veces quien usa este medio de transporte tiene que soportar.
¡Hay muchos robos en el metro! Todos sabemos que eso no es mentira. Veamos el perfil provechoso. Voy a ilustrar la explicación con el relato de lo sucedido a una amiga de mi edad. Viajaba en el tren cuando tres delincuentes ingresaron al vagón con armas y una enorme bolsa donde todos los usuarios debían depositar sus celulares inteligentes. Mi amiga en cuestión de segundos pensó: ¿y si me quedo sin celular cómo me comunico?, ¿cómo diablos hablo con mis hijos fuera del país? Fue en ese momento cuando ella demostrando poseer una gran creatividad antes de que los antisociales llegaran a su puesto, pues señores sacó su smart phone de la cartera ¡y lo introdujo entre sus piernas! Por suerte iba sentada. Se puso muy nerviosa porque sabía que si los individuos se daban cuenta de que trataba de engañarlos podía resultar peor. Pues todo le salió bien. En el momento cuando los tipos revisaron su cartera no encontraron lo que buscaban. Únicamente, hallaron documentos y billetes de muy baja denominación, que inmediatamente desestimaron. Una vez que se fueron los bandidos, todos los demás pasajeros estaban sin celulares, menos ella, claro. Desde entonces, mi amiga dice que prefiere dejarlo en casa porque no siempre se corre con la misma suerte. Ella demostró tener no solo creatividad sino valentía también. ¿Ve como de una horrible experiencia obtuvo provecho? Más bien tiene que agradecer a la inseguridad del metro por los favores recibidos.
¡Hay que tener cuatro ojos y cuatro manos para cuidar las pertenencias! En el párrafo anterior se resaltan la creatividad y la valentía. En este voy a hacer énfasis en el valor que debemos darles a nuestras posesiones que nos han costado tanto. Debemos colocar nuestros bolsos y maletines delante, no de lado o atrás, además hay que apretarlos como si lleváramos oro. Sabemos que lo que en verdad queremos proteger es nuestra documentación y las tarjetas de débito o crédito porque después cuesta los dos ojos de la cara sacarlos. Pues esta situación, nos permite hacernos más conscientes de las pertenencias y no andar distraído y pensando en pajaritos preñados. El que está desprevenido tiene dos opciones, continuar siéndolo o cambiar. Inclinémonos por lo segundo y elija tener mayor responsabilidad por sus cosas. ¿Se fijan que esta es otra ventaja? Es la oportunidad de crecer, de mejorar como personas. Además de entender que cada quien tiene que velar por lo suyo y que la policía está ocupada en otros asuntos que son más importantes que vigilar que la masa viaje bien y que no sufra hurtos. Cada quien lleva su cruz así que cada quien que custodie lo suyo.
¡La espera es larga antes de que el tren llegue! Es verdad esta afirmación. No obstante, ¿señor, usted no ha pensado que la agitación de la vida actual no nos permite ni pensar? Esos quince, veinte, treinta minutos, o una o dos horas pueden convertirse en instantes para recapacitar sobre nuestras vidas. Si no se reflexiona estamos condenados a cometer los mismos errores. Bien, entonces aproveche el tiempo para hacerlo. También ese tiempo constituye una ocasión de oro para planificar nuestro futuro. De nuevo es necesario agradecer al Metro de Caracas. Nos brinda momentos de reflexión y planificación. Aquí involucramos pasado, presente y futuro de nuestras vidas. ¿Captan la importancia?
Si de tiempo estamos hablando, igualmente es necesario mencionar otro mérito del principal medio de transporte de Caracas: desarrollo del ingenio para los acertijos. Permite deshojar la margarita: ya no sería: ¿me quiere?, ¿no me quiere? Ahora sería: ¿llegará?, ¿o no llegará?, ¿Llegaré al trabajo o no llegaré al trabajo? De todas maneras si no llega o llega tarde, tendrá la excusa perfecta y nadie se la va a refutar porque aunque todos no tienen la suerte (o mala suerte) de viajar en él, todos saben que es una especie de lotería porque nunca se sabe qué ocurrirá y cuánto tiempo tomará o si tendrá que salir de él para intentar arribar a donde lo amerite, caminando o quien pueda pagar, tomando un taxi.
¡Qué gentío! Piense. A veces nos quejamos por sentirnos o en efecto estar solos. Sobre todo en estos momentos cuando la crisis ha obligado a nuestros hijos, nietos, hermanos, amigos e incluso pareja a emigrar. Si bien es cierto que vivimos conectados a la tecnología y las redes sociales nos permiten a veces creer que no estamos solitarios, en realidad estamos más solos que nunca. Esta situación es subsanada por el Metro de Caracas. Cuando usted entra al metro no hay ni un pequeño espacio para la soledad. El metro nos permite acompañamiento. Además podemos palpar cómo piensa, cómo siente y qué padece la muchedumbre. Entre cinco que salen y quinientos que entran al tren, no es posible estar aislado.
¡Todo puede suceder en el metro! Ciertísimo. Lo imposible es posible allí. Eso es lo que pensamos, por ejemplo, cuando en la estación Plaza Venezuela suben seiscientas personas, nos arrimamos tanto, nos montamos unos encima de otros y es ahí cuando concluimos que no hay nada imposible en este mundo.
¡No se entiende lo que dicen por el altavoz! No importa. De esta manera incrementará su capacidad de adivinar lo que se quiso decir, o advertir.
¡Cuántos olores nada agradables! Aconsejo que se ahorre su perfume cuando viaje en metro. Si ya sabe que se mezclaran buenos y malos aromas, guarde su fragancia favorita para un momento especial y no la malgaste. Usted sabe cuánto cuesta hoy en día una buena esencia.
¡Entran y salen vendedores y gente que pide colaboración! Entonces no se aburrirá. Los hay quienes venden caramelos, galletas y chocolates de dudosa procedencia. Además las historias que comparten los que piden son tan disímiles, fantásticas y dramáticas que lo menos que hará es hastiarse.
Señores, creo que con todas estas ventajas, hay que tener mente positiva y parar de quejarse. En realidad el metro es una bendición y hasta me atrevería a afirmar que en verdad es una solución para Caracas. (
15 de abril de 2019)

MÁS PERDIDA QUE EL HIJO DE LINDBERGH

    Recuerdo que cuando estudiaba primaria en la inolvidable escuela"La Divina Pastora", mi también imborrable maestra Marina Angulo, en varias ocasiones cuando  me encontraba distraída, cotorreando con alguna compañerita o sumida en mis sueños, ella, para hacerme aterrizar, me preguntaba sobre el tema que estaba tratando en el momento. Cuando respondía alguna incoherencia para salir del paso, me decía: "Ligia, estás más perdida que el hijo de Lindbergh"
En los años de mi niñez, dicha expresión se solía emplear para referirse a alguien que no tenía la menor idea de dónde estaba parado, se encontraba distraído o que simplemente ignoraba algo. Pero, ¿quién fue el hijo de Lindbergh? 
    Charles Augustus Lindbergh Jr. fue  el hijo del célebre aviador estadounidense Charles Lindbergh y de su esposa, Anne Morrow Lindbergh. Lo secuestraron a la tierna edad de diecinueve (19) meses. El secuestro ocurrió el 1ro de marzo de 1932, en Nueva Jersey. No tuvieron noticias del niño hasta el mayo siguiente,  cuando se encontró un cadáver de un pequeño cerca de la residencia de los Lindbergh. Después de un rápido reconocimiento, se determinó que el cuerpo era de Charles. Un carpintero de nombre Bruno Hauptmann se hizo sospechoso y  fue encontrado culpable y sentenciado a muerte. La evidencia encontrada en poder de Hauptmann, (15.000 dólares de los 50.000 que se habían pedido como rescate) lo señalaba como uno de los responsables del delito. Después, han surgido otras evidencias que ponen en duda si la decisión fue la correcta: dos hombres han declarado ser Charles Augustus. Esa es otra historia.
Ahora bien, ¿por qué en los 70, estaba tan popularizada la expresión que da título a esta nota? La respuesta es simple. En 1928, su padre visitó volando en su avión varios países latinoamericanos, entre ellos Venezuela. Esto influyó a que tal crimen de los 30 tuviera tanta repercusión en esta región. Por eso en la época de mi infancia con frecuencia, se empleaba la  expresión.  (12 de junio de 2018)

LA ILUMINADA DE LOS FRAILES


Ese 10 de diciembre de tal vez el año 1970, ella se sentía iluminada, santa. Era el día de su Primera Comunión en la Iglesia San Francisco de Caracas. El sacerdote que la confesó le preguntó dónde vivía y acto seguido inquirió si había muchos frailes ahí. No entendió el porqué de tal interrogación hasta muchos años después. ¡Qué lenta! (8-03-2017)

VIRTUOSO ENTRE VIRTUOSOS EN TRES TIEMPO




Como todos los días, José Gregorio Hernández se levantó a las cinco de la madrugada. Tomó el primero de sus baños diarios, rezó el Andaluz y se dirigió a la Iglesia de la Divina Pastora a escuchar la misa del domingo y a comulgar. Regresó a su casa, donde su hermana Isolina le tenía preparado su frugal desayuno, el cual tomaría antes de visitar a sus enfermos. Una vez roto el ayuno, le provocó tomar su violín. Lo tenía descuidado, hacía días que no lo ejecutaba. El instrumento lo hacía sentir bien, permitía que al son de la música fuera repasando momentos importantes de su vida. Vinieron, como en una película a color que nunca vería en su existencia, episodios vitales como los dos intentos que hizo en Italia para convertirse en religioso. Una mueca de cierto dolor se dibujó en su rostro. También pasó volando rápidamente la cara joven y morena de Rafael Rangel, pero sacudió su cabeza como para hacerla desaparecer. Las frustraciones propias eran inquietantes pero las de otros pesaban demasiado, tal vez por lo que hizo o dejó de hacer para ayudar a sus semejantes. Quizás el capítulo Rangel, nunca lo terminó de leer, si tuviese tiempo, si su vida se lo permitiera lo leería para interpretarlo.

Las cuerdas lo llevaron a detenerse un poco en lo que nunca fue, su deseo de ser religioso. No pudo es verdad, pero su profesión siempre la asumió como un sacerdocio. Ahí están sus pacientes, sus enfermos, los pobres que nunca tuvieron para pagarle, y los ricos que le permitieron tener unas cuantas cosas que dejará a los suyos antes de irse a la eternidad. Por cierto que algunas ya las repartió cuando creyó que podría desprenderse de lo material antes de irse a Europa a intentar su vida mística. Ahí también están sus investigaciones médicas, y volvió a ver el rostro de Rangel, pero con un movimiento más brusco que el primero lo borró de nuevo. 

Pensó en la muerte, la amaba, la quería, era la manera a través de la cual él creía podría ascender y trascender. Pensó en todas las veces que sus enfermos le habían dicho que no era de este mundo. De verdad lo sentía, se había moldeado muy bien a la vida terrenal pero experimentaba la necesidad del espíritu y de Dios y en la vida como hombre no la hallaba. La música lo transportaba, y era que quería llegar allá y más allá y casi lo logra pero su hermana lo interrumpió para decirle que alguien lo solicitaba. Así que dejó el violín a un lado y caminó hasta la sala.

Era un emisario de la anciana que había estado visitando en los últimos días. Había agravado. Rápidamente salió de la casa, pero antes quiso pasar por la farmacia a comprarle un medicamento que él sabía que necesitaba. Después de hacer la compra, salió de la botica. Vio un tranvía estacionado y otro que subía por la esquina hacia más allá. Entre dos vehículos no se percató de que venía un automóvil que de manera lenta pero certera lo impactó e hizo que se golpeara contra el filo de la acera. Y ahí quedó el hombre, el cuerpo, el ser de este mundo. Sus últimas palabras fueron “virgen santísima”, oídas por varias personas, sin embargo lo que nadie oyó fue lo que seguidamente pensó “vienes a llevarme a donde tanto he querido ir, pero sé que siempre continuaré estando por aquí ayudando a mis enfermos, a mis necesitados”. El chofer del automotor se acercó y vio los ojos de José Gregorio Hernández, pero como estaba tan nervioso jamás entendió que en sus ojos brillaban el agradecimiento y la bendición.…

Tuvieron que pasar muchos años para que Ligia supiera del doctor milagroso. Tenía quince o dieciséis años y nunca había oído hablar del llamado médico de los pobres. Pero estaba marcado en su destino, que sería junto con sus seres amados una beneficiaria del galeno. La conocí un día cuando paseaba por La Candelaria y decidí entrar a la iglesia donde reposan los restos de Hernández. Me llamó la atención su presencia porque rezaba muy bajito y con los ojos cerrados. Me acerqué y esperé que finalizara sus oraciones. En los últimos meses había estado investigando acerca de las manifestaciones religiosas del pueblo venezolano. Vi en la anciana a un informante, así que le pregunté por qué tanta veneración. Quedé sorprendida con la facilidad con que me regaló su historia, su anécdota, que ahora transcribo en estas líneas.

Jamás se había interesado por el médico, porque simplemente nunca había oído hablar de él. ¿Cómo interesarse por algo que no se conoce? Transcurrieron muchos años y su padre hubo de sufrir un accidente para que descubriera cómo era que un hombre podría obsequiar bondad después de muerto.

A Ligia de setenta años le tiene sin cuidado el hecho de que el vaticano se ha negado a conferirle la santidad al galeno. Lo que ella verdaderamente valora es su propia fe. En esa oportunidad, Ligia me relató una historia que comenzó aproximadamente cincuenta años atrás.

La primera información sobre José Gregorio Hernández, la tuvo Ligia del Carmen poco antes del momento cuando éste le concedió el milagro. Un día que exactamente no se acuerda, pero sabe que era la década de los cincuenta del siglo XX, ella y su madre estaban visitando a unas primas en Catia, específicamente en El Amparo. En aquella oportunidad pasaron un buen rato conversando y cuando se disponían a marcharse, una de las primas les obsequió una estampita con la figura del médico y agregó que era un santo muy milagroso.

Cuando llegaron a casa, Carmen Adela y Ligia del Carmen fueron avisadas por varios vecinos que autoridades policiales habían ido a informar sobre el accidente ocurrido al padre de familia. El entonces denominado puente  Sucre se había derrumbado y había caído sobre la humanidad de algunos trabajadores que participaban en su construcción. Entre los desafortunados estaba Pedro, obrero del cemento y del bloque y esposo y padre de Carmen y Ligia respectivamente. Algunos cadáveres permanecían en el hospital. Para allá, se dirigieron desesperadas las dos mujeres. Una vez en la institución médica, fueron informadas que Pedro no había fallecido pero que estaba muy grave luego de sufrir una fractura doble de cráneo. Los médicos no proporcionaron ningún tipo de esperanza. A pesar de todo, las dos mujeres nunca cesaron de tener confianza en la salvación del ser amado.

            Ligia no sabe explicar por qué pero repentinamente sintió que una fuerza interna e inmensa la hizo abrir su cartera y buscar la estampa que recientemente le habían regalado. Pidió con fe, una fe enérgica, que nunca más ha vuelto a experimentar.
       
            Las sufridas damas pasaron la noche en el hospital en espera de información. Todos los amigos se marcharon entrando la medianoche. El hospital quedó solitario. Ligia pudo atisbar, pasadas las doce, a un hombre que se paseaba de un extremo de la sala a otro con los brazos atrás. Vestía un flux con rayas y cuadros menudos. El hombre se detuvo frente a la muchacha e inquirió cómo seguía el enfermo. La joven no pudo responder porque rompió a llorar. Al rato, el desconocido desapareció. 
            
                Al día siguiente, durante la hora de la visita, acudieron muchos amigos y conocidos porque Pedro era una persona muy apreciada por todos. A Ligia le llamó la atención que el hombre no se apareció más. Unos días después, el facultativo que atendió al obrero, habló con las damas y les manifestó que su familiar había mejorado y, que además, agregó, aquello parecía un milagro. Pese a la gravedad de la fractura craneal, no le quedó ninguna secuela. Únicamente, perdió un ojo porque ahí en el hospital no se contaba con los servicios de un oftalmólogo y no se podía movilizar al paciente para otra parte. Más adelante, el padre recordó que un médico, con las características antes descritas del doctor José Gregorio, había entrado al recinto  y le informó que lo operaría. No recordó nada más. 
               
                  Pasaron veinte años, cuando Ligia se dio cuenta de que la persona que había visto era realmente el doctor Hernández. Lo supo porque transmitieron una serie televisiva y el hombre que hacía el papel del médico era alguien muy parecido a él. El actor se llamaba Américo Montero. Cuando lo vio en la televisión, se percató de que el individuo que preguntaba por Pedro, era según ella, nada más y nada menos que el llamado médico de los humildes, y en ese momento fue cuando se reveló ante su raciocinio el milagro. Desde entonces Ligia cree ciegamente en el doctor José Gregorio Hernández porque para ella, él es venerable entre venerables. (11-10-2017)

EL TIEMPO QUE SE VA NO VUELVE



Cuando era niña siempre escuché decir, mitad en serio  y mitad en broma, que el mundo se acabaría en el año 2000 y resulta que ya soy alguien que pertenece a lo que llaman la tercera edad o última etapa de la vida y es inminente el arribo del 2020. En esta fecha las canciones de la Billos Caracas Boys de alegría y felicidad y de Néstor Zavarce que  entonan que faltan solamente cinco minutos para las doce nos mueven algo interno. A mí particularmente, me llevan a mi niñez y adolescencia, a la casa inolvidable de esa etapa. La que se llenaba de gente: familiares,  vecinos, amigos. Todo era dicha. No olvido a una vecina, la señora Carmen, la del garaje. Era la primera en tocar el timbre de nuestra vivienda para desear el feliz año. Mi abuelo, que era un ser muy popular, la recibía con un licor. A los pocos minutos, ella se marchaba porque tenía que  continuar su saludo de nuevo año casa por casa. Recuerdo los bailes, la música, las risas, en fin, la felicidad y que yo siempre me apartaba pensando tal vez en el libro que me iba a leer en enero. Me entristece pensar ahora que no disfruté esos momentos, me parecían fastidiosos. Ahora cuánto daría  para que un espíritu se me apareciera, como le ocurrió a Scrooge, y me llevara a  recorrer de nuevo esos hermosos instantes y disfrutar de verdad aquellas horas que no retornarán.   (31 de diciembre de 2019)


CARACAS, LA CONVULSIONADA




¡Qué tarde es! -Pensó- De inmediato recordó la imposibilidad de trabajar ese día. Lucía en realidad un tanto arriesgado. Caracas estaba convulsionada. Habría un recorrido desde el Este y una concentración que esperaría en el Oeste. Eran bandos contrarios, al parecer irreconciliables. Sin apuro, abandonó la cama y encendió la televisión. -Vienen para acá, van a pedir su renuncia- Condujo los pasos por el piso de cemento hasta el baño. De un envase sacó un poco de agua con un vasito. Lavó su cara y se cepilló los dientes como pudo. Después de secarse, caminó con lentitud hacia la cocina. Abrió la nevera. Sólo había agua. Nada más. Sabía también que ni en su cartera ni en la cajita donde solía guardar dinero tenía un céntimo. ¿Qué hago mi Dios?, ¿acaso hoy no voy a comer? De repente una idea iluminó su mente. –A un lado el temor, me voy a la concentración. Como los “contra” avanzarán hasta donde están congregados los “pro”, entonces aprovecho y les vendo a los dos grupos. Total a mí no me importa quien me compre, lo que me interesa es que lo hagan. Una vez vestida con la ropa que usaba para la calle, tomó la bolsa negra donde guardaba su mercancía. Salió. Había agitación y tensión afuera. Algunas personas corrían tratando de alcanzar cualquier sitio donde estar seguros. Ya se sentían los gases y el olor a pólvora. Le costó abrirse paso entre el gentío, pero lo hizo. En una esquina colocó el mantel, y una a una dispuso las cajitas de algodón, los cortaúñas, las revistas usadas, las cintas adhesivas y las pilas. Cerca, un niño de la calle caraqueña saboreaba un mango. En ese momento entre consignas, pitos y boinas, sonaron varios disparos. La multitud huyó. Ella no tuvo tiempo de nada. Cayó fulminada de un tiro sobre el sucio pavimento, justo al lado del niño de la calle caraqueña que tampoco comprendió lo que estaba pasando. (Relato inspirado en hechos acaecidos en abril de 2002 en Caracas)Ligia Álvarez  (31-03-2017)



¿AQUÍ NO SE ESCUCHA MÁS NADA, HIJA? 



     Cada época tiene una música especial. Muchas canciones  hacen que evoque momentos estelares de mi vida. Ésta, específicamente, “I just called to say I love you” me transporta al año 1984, cuando pasé las últimas festividades navideñas y de fin de año  con mi inolvidable abuelo “Papaíto Pedro”.

     La melodía estaba de moda. Ese año me había graduado de profesora de inglés. Aún no había conseguido empleo y mamá me obsequió el disco o Long Play (Larga duración). El 31 de diciembre de ese año me dio por repetir y repetir la pieza infinidad de veces en el Pick up de casa. Mi abuelo reclamaba: “Hijita, ¿y aquí no se escucha más nada?"
     En febrero del siguiente año, comencé a dar clases en un liceo público y empleé la balada como recurso didáctico para enseñar la lengua extranjera. Recuerdo que me tocó un quinto año de bachillerato.  Los estudiantes casi tenían mi edad. Me he tropezado con unos cuantos de ellos por las calles de Caracas y algunos parecen hasta mayor que yo misma.... Oh, my goodness. (21-09-2016)

HUBO UNA VEZ EN CARACAS... UN TERREMOTO Y  UN  NACIMIENTO



    El 29 de julio de 1967,  yo cumpliría en un par de meses siete años de edad. Desde unos días antes mi mami Ligia, se encontraba hospitalizada porque estaba a punto de nacer su segundo bebé. Ese día mi primera hermana menor nació en la Maternidad Concepción Palacios. Yo, ajena, a todo lo que no fuera mi mundo del juego, me quedé al cuidado de mis abuelos Carmen Adela y Pedro. Me sentía  el centro del universo, porque era la la niña consentida de la casa.  Más o menos a las 8 pm de aquel sábado, mi abuela se encontraba terminando sus oficios del día en la cocina y yo en mi pequeña habitación jugaba con mis muñecas favoritas. De repente veo que mi padrastro Rafael irrumpe en mi cuarto y me carga para sacarme. Me sorprendí porque fue algo inesperado y además me molestó que una de mis diminutas pantuflas salió de mi pie. Al parecer lo único que me importaba en ese momento porque empecé a gritar: ¡mi Cholita! ¡mi cholita! Por supuesto, el esposo de mi madre no me hizo caso y presuroso me llevó hasta la calle. Finalmente, entendí que estaba ocurriendo un terremoto. En mi comunidad, todos dejaron sus viviendas y se aglomeraron en la calle. Recuerdo a un señor llamado Lorenzo, quien bebía consuetudinariamente,  que gritaba: ¡Gracias a Dios, el mundo se va acabar! Mientras tanto en la avenida San Martín, mi mamá solo vestida con una bata blanca abierta por la parte de atrás como la que usaban todas las pacientes, y otras recién paridas abandonaban la maternidad con sus bebés en brazos. El lugar fue evacuado por seguridad. Después de salvarme, Rafael se dirigió hacía el hospital para saber cómo estaban mi madre y la recién nacida. En esos tiempos no había celulares y pese al caos, se encontraron caminando en direcciones contrarias cerca de los bloques de El Silencio. El padre emocionado tomó la bebé en los brazos y marcharon hacia el hogar. Con suerte consiguieron que alguien los llevara en automóvil. En la comunidad, la familia y los vecinos recibieron con alegría a Ligia y a su hermosa bebé: Deyanira del Carmen. ¡Feliz cumpleaños, hermana! ¡Dios te bendiga y que el espíritu de nuestra mami te acompañe siempre! 
(29-07-2014)

HISTORIAS, HISTORIAS HISTORIAS

Yo, en la actualidad.



Mi mamá se casó en una iglesia que quedaba en el sector Gato Negro del barrio Los Frailes de Catia. Las historias que llegaron hasta mí, decían que esa iglesia se convirtió después en una funeraria y luego llegó a ser el liceo privado Santa Ana, donde hice  dos años del ciclo básico del bachillerato. Hace poco pasé por allí y me percaté de  que ya no funciona el liceo.
Los primeros meses de mi vida los viví en Altavista. En el lugar específico (creo que se llama San Isidro, lástima que ahora no tengo a mi mamá para que me aclare) donde vivían mis abuelos y mi madre abundaban  polacos, rusos y ucranianos. Habían llegado al país no solo huyendo de la guerra sino  de la expansión del fascismos a la cual temían mucho. Al llegar a esta hermosa nación latinoamericana, construyeron sus hogares de una manera muy similar a la de sus viviendas en Europa. Aquellas casas eran de madera y estaban rodeadas de flores bajo la agradable neblina que reinaba en aquellos años en esa área de Catia.
Desde los años cincuenta los europeos iniciaron su vuelta a la patria y algunos venezolanos compraron sus viviendas. Entre ellos estuvieron mis abuelos, quienes con mucho sacrificio lograron reunir el dinero para dicha adquisición.
Mi abuela Carmen Adela me contaba que cuando yo era una bebé, mis mejillas eran muy rosadas y atribuía ese hecho a la circunstancia de que ella me sacaba todas las tardes al jardín de nuestra casita justo bajo la neblina que allí se instalaba.
  Mi abuelita también me relató que la familia a quien ellos compraron la vivienda dejó una máquina de coser industrial. Cuando apagaban las luces en la noche para ir a descansar, la máquina comenzaba a coser sola. Era una máquina embrujada. ¡Uy, qué miedo! (08-04-2014)

FRÍO DE MUERTE

Hoy 7 de marzo de 2014 pasé por los alrededores de la Plaza Bolívar y decidí entrar al Museo Sacro, hace unos meses traté de visitarlo pero no estaba abierto al público. Pude observar la primera sala, en ella había vestimenta de obispos, imágenes de vírgenes,  esculturas, objetos y cuadros religiosos. El sitio estaba solo, era yo la única visitante. Me dirigí a la segunda sala, en la puerta me detuve, una fuerza inexplicable me hizo retroceder. Sin embargo, me propuse seguir hacia adelante.  Ya adentro  un frío atravesó mi cuerpo y no fui capaz de continuar el recorrido. Nunca antes había  mi ser sentido ese frío sepulcral.
  Al llegar a casa busqué información sobre el Museo Sacro y entendí el porqué de lo que sentí. Durante la época colonia este museo fue un cementerio. Existen doce criptas donde se presumen están los restos de los primeros obispos caraqueños. Excavaciones que se hicieron en los años ochenta revelaron la presencia de 25 cadáveres  y también se conoce que allí descansan los cuerpos de las personas ajusticiadas por José Tomás Boves cuando ingresó a Caracas en 1813. También encontramos una Cárcel Eclesiástica. Una vez leída esta información entendí que la fuerza helada no fue otra cosa que el frío de la muerte. A continuación, comparto algunas fotos que pude tomar. 
(07-03-2014)





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DÍA DE MERCADO


En mi infancia, acudir al mercado era un acontecimiento feliz, una celebración, una fiesta. Se erigía como un tiempo de alabanza. Lo veíamos como un día de agradecer al creador el poder adquirir el sustento.

Con siete años, iba con mis abuelos y mi madre al templo de la abundancia en la búsqueda de las frutas, las verduras, carnes, pescado fresco, o leche.  Cada espacio poseía  un olor particular.  Las frutas y verduras me trasladaban al campo. La leche me recordaba la vaca risueña de la televisión. El pescado me hacía añorar el mar. La carne era lo que menos me gustaba. Recuerdo a mamá diciéndome que me la comiera en el almuerzo y yo me negaba porque no quería  engullir un cadáver. Ella reía y respondía:
“entonces anda y le pegas un mordisco a una vaca viva”.

No olvido los anchos y largos pasillos del  mercadito de la niñez. El corredor que más me gustaba: el de las galletas y caramelos. Las compotas me enloquecían y los cereales azucarados me encantaban.
Llenábamos el carrito con necesidades, curiosidades y antojos. A veces había que devolver  artículos porque nos pasábamos del presupuesto. Pese a todas las congojas llevábamos para quince días. Transcurridos los cuales volvíamos a emprender el camino al mercado.

Hoy,  el mercado tiene otra dirección.  Se mudó a la calle de la tragedia. El disfrute quedó atrás, ya ni  su sombra se ve. Es el mercado donde se compran tristeza, silencio, pesar, ofensa,  cansancio,  pesquisa al salir.  Todos estamos apremiados de alimentos y todos estamos propensos a saquear, según los dueños, o empleados-esclavos que  en realidad me despiertan  una  piedad hermana del desprecio.
Escucho:

“Despégate de ese refrigerador, salte de él y sonríe, sonríe aunque no tengas ganas, o carezcas de fuerza. Sonríe así tus hijos vivan famélicos. No importa más nada, solo muestra la cédula  y sigue la flecha y no te vayas por otro camino. Apúrate que no vas a conseguir nada.  Si  hoy no le toca a tu  número, vete a llorar al valle, no me importa que tu nevera esté vacía  porque  la mía está llena. Tengo privilegios, tengo un amigo que trabaja en el súper y me cuadra una paca, y la leche fresca y el café oloroso que despierta”.

Los nuevos comerciantes informales del siglo XXI, y los ciudadanos  honorables  se confunden como se mezclan los que pueden pagar y los que después de seguir  la lógica de la cola se les imposibilita costear el alimento del cuerpo y únicamente están destinados a nutrir el alma con los estómagos vacíos.
Todo esto pensaba yo,  mientras resignada daba diez pasos cada veinte minutos hacia un adelante que me llevaba hacia atrás y me hundía en la fosa más insondable durante  seis horas. No lo vuelvo a hacer, esta es la última. No perderé horas de mi vida así: prefiero vivir, vivir con apetencia insatisfecha  pero vivir y no existir. Vamos, sal de este infierno. Te espera un mundo, el teatro, la poesía, la música. Vamos, date prisa y enciende la luz, ahí al final  ¿no ves la vela? Extiende la mano.  La encontrarás.  (Creo que no es necesario decir, que hoy fue mi día de hacer cola).
Ligia Álvarez (15 DE ABRIL 2016)


lunes, 30 de diciembre de 2019

Nota sobre la mención honorífica por Teresa piano piano


Apacuana CNT
Fri, Dec 27, 10:45 PM (3 days ago)
to me

Reciba un cordial saludo.
La presente es para informarle que a usted, Ligia Álvarez, C.I. 6.039.896, le ha sido otorgada por el jurado evaluador del Premio Apacuana de Dramaturgia Nacional 2019, una Mención de Honor por su obra TERESA PIANO  PIANO, recomendando de esta manera su publicación y promoción.

El jurado estuvo integrado por profesionales del teatro venezolano en la figura de los maestros José Gabriel Núñez, Franklin Tovar y Tomás Jurado Zabala, reunidos el pasado 26 de diciembre en el Teatro Alberto de Paz y Mateos.

Vaya para usted nuestras felicitaciones y nuestro deseo de poder contribuir con el estímulo a la creación teatral de nuestro país.

Agradeciendo su amable participación, se despide de usted.

Atentamente,
Fecha 27 de diciembre de 2019


NOTA DE PRENSA

Dramaturgia venezolana : La obra "Diez minutos", escrita por Rafael José García Hernández, fue seleccionada ganadora del Premio Apacuana de Dramaturgia 2019
El pasado 26 de diciembre, en las instalaciones del Teatro Alberto de Paz y Mateos, el jurado evaluador designado para escoger la mejor obra para este reconocimiento, integrado por los maestros José Gabriel Núñez, Franklin Tovar, y Tomás Jurado Zabala, quienes llevaron a cabo la deliberación, para la selección del ganador de dicho premio, cumpliendo con las normas del concurso del Premio Apacuana de Dramaturgia 2019 , establecidas por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura a través de la Compañía Nacional de Teatro.
Después de evaluar totalidad de las obras, y por unanimidad, declararon ganadora a la obra " Diez minutos ", identificada con el seudónimo “Machín” resultó ser de la autoría de Rafael José García Hernández, reconocida “por ser un texto de acertada eficacia dramática, formalmente estructurado, en donde se expone un tema de carácter universal mediante un conflicto que se plantea entre el drama y la comedia, el individuo y la sociedad, a través de unos personajes cuidadosamente construidos en sus caracteres, que lucen bien definidos y en función de una atmósfera envolvente y un lenguaje totalizador” suscribe el acta definitiva.
El jurado decidió otorgar Mención Honorífica a las siguientes obras: Cantaura , de Aníbal Grunn, Teresa : Piano a piano , de Ligia Álvarez, Los papeles de Charo , de Rosa María Rappa, y La Trinidad, de José Antonio Millán Carreño.
El Premio Apacuana, fue creado con la idea de estimular la creación de obras teatrales cuya temática promueva el análisis y la discusión de la teatralidad venezolana mediante el reconocimiento de nuevos planteamientos discursivos y estéticos de la dramaturgia nacional..
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Con nota de prensa
Fotografías cortesía
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° Red/difusión cultural independiente.
Ivan Miguel Hernández Rojas.







José Gabriel Núñez y Franklin Tovar (Miembros del jurado)

Tomás Jurado Zabala (Miembro del jurado)

Rafael José  García Hernández (Ganador)


Aníbal Grunn (Mención Honorífica)


Ligia Álvarez (Mención Honorífica)


Rosa María Rappa (Mención Honorífica)


José Antonio Millán Carreño (Mención Honorífica)

sábado, 26 de enero de 2019

¿Quién soy?


LIGIA ÁLVAREZ
En esta foto me acompaña mi amada nieta Dayli de los Ángeles Ortega Licón



Soy Ligia Álvarez. Nací en Caracas, Venezuela. Me desempeño como profesora universitaria. Soy amante de las letras y del teatro. He estudiado y me he graduado en Idiomas Extranjeros, Literatura, Educación y Arte. Amo leer y escribir. Cultivo la narrativa, la poesía y la dramaturgia. He publicado algo. En mi país no ha sido fácil hacerlo. Sin embargo, un libro de mi autoría fue publicado después de haber ganado el concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores Latinoamericana. Cuentos y poemas míos aparecen en algunas antologías compartidas con otros autores. Desde el año pasado soy autora de Amazon. Tengo algunos libros en dicha plataforma. Siento que cada día es una oportunidad para aprender de los demás y de mi parte ayudar a los otros seres humanos para que también crezcan.

En este blog pongo a disposición de todos los interesados algunas de mis piezas teatrales, cuentos y poemas. 

domingo, 20 de enero de 2019

Obras teatrales de Ligia Álvarez. Teatro venezolano


ALGUNOS TEXTOS TEATRALES DE LIGIA ÁLVAREZ

MADRIGUERA ALEGRE PARA APETITOS TRISTES

DE LIGIA ÁLVAREZ




El tiempo aquí es una maravilla. Brisa con calor apenas acentuando al mediodía, unas noches
divinas, unas mañanitas frescas que yo paso en el jardín.
¡Si estuvieras aquí tú, verías cómo no es mentira la felicidad y la alegría!

Teresa de la Parra, Carta a Gonzalo Zaldumbide.

PERSONAJES:
FRANCISCA, sesenta y cinco años, aunque está convencida de ser una mujer cuarentona y
como tal actúa y habla.
HERIBERTO (su participación puede ser una voz en off)

La acción transcurre en una cocina amplia. Se ve un mesón sobre el cual hay utensilios
variados, también un perchero donde están colgados un uniforme de cocina y su gorro.
Entra FRANCISCA, quien sale del área del público. Lleva una bolsa de tela, tipo sobre,
que aprieta celosamente contra su pecho. Observa a su alrededor. Una vez en el escenario,
ve hacia un punto determinado por encima del público.

FRANCISCA Muy buenas tardes, soy Francisca, la ganadora del concurso. ¿Me
recuerda? ¡Qué bueno! Es que se me hizo un poco tarde pero me
dijeron que viniera a hablar con Pablo, el director del programa.
Supongo que eres tú. Disculpa que te tutee y te llame Pablo a secas,
pero te veo tan joven. Mira pues, siendo el de menos edad eres el jefe
de todos los camarógrafos. Podemos comenzar cuando quieras.
(Viendo hacia todos lados) La verdad es que no me imaginaba que
habría público en el estudio. (Va hacia el público) ¡Hola! Soy
Francisca. Yo gané el casting La gran chef del siglo XXI. Éramos
veinte las participantes pero las superé a todas. Ya verán que voy a
ser famosísima. Sí claro, firmaré autógrafos más tarde, no, ahora no,
luego al finalizar el programa. Ah, por supuesto también posaré para
ustedes y con ustedes, pero después, ya les dije, ustedes comprenden.
(Regresa al escenario) ¡Qué dicha! Bien, ve coordinando el trabajo
de tus muchachos con las cámaras, que vayan preparándolas. ¡Qué
alegría! ¡Me siento tan contenta, tan emocionada! Nunca imaginé
que sería la ganadora del casting. Tantas veces siendo joven... (se
aclara la garganta) es decir, más joven, soñé con tener mi propio
programa y salir en la televisión (ríe nerviosamente). Antes tenía más
encantos de los que tengo ahora porque ya tengo cuarenta y pico,
pero no importa, no vengo aquí a mostrar encantos, ¡no qué va! Mi
función es más... como diría yo... ah, ya: significativa, más
trascendental. Hoy cuando grabé el programa... (Gritando) ¡No!
¡No! ¡No se distraigan, muchachos! Continúen arreglando las
cámaras. ¡Pablo! ¡Coordínalos! ¿No te molesta que hable?, ¿verdad?
Como te iba diciendo, jamás pensé que ganaría. (Se oye música de
premios y aplausos y hace como si estuviera siendo ovacionada). Te
agradezco la música, las ovaciones, los aplausos, pero por favor no
quiero distraerte. Ni a ustedes tampoco muchachos, pónganle
atención a su trabajo, de él depende en gran parte que todo salga bien.
Controlen esas cámaras, pónganlas finas para que el programa salga
excelente. ¿Ah? ¿Ya vamos a empezar? Pero mira, no me he
maquillado. ¿Qué? ¿Qué no hay maquilladora? ¡Ah qué tenía que
pasar antes por maquillaje! (Sobreactuando) ¡Claro, por maquillaje!
¡Oh! (Normal) ¡Pero no importa! Déjame ver... Yo sé que lo
principal es que el rostro no se vea como grasoso, o brillante. (Revisa
su cartera) Mira aquí debo tener polvo facial, yo siempre estoy
prevenida. En la cartera cargo cualquier cosa, así me enseñó mi
mamá. En esta que tú ves aquí traigo de todo... no le falta nada.
(Vacía la cartera y comienzan a verse cosas como frascos,
cucharillas, platos y vasos de plástico, peines) Tengo pinturas de
varios tipos, (muestra) para los labios, para las uñas, para los ojos,
perfumes, polvos, preservativos por si me levanto un tipo cuarto bate
que quiera estar conmigo. Mira: (revela) mandarina sifrina, fresa
sorpresa, pera rumbera, limón llorón, uvita loquita y temeguindo,
digo tamarindo. ¡No, mentira! (Se ríe) Aunque cargue de todo, nunca
utilizo todas estas cosas, es que a mi mamá le encantaba meternos de
todo en el bulto (Mira con picardía) ¡Bulto! ¿Qué hay de malo en esa
palabra? Era bulto lo que se usaba, no morral como ahora. Allí
llevaba de todo, toallas, toallitas, gotas, goticas, papel higiénico,
toallas sanitarias, hasta ropa interior por si acaso. Así que yo desde
chiquita siempre he tenido la cartera preparada. (Se empolva la cara y
se pinta los labios) ¿Cómo me ves? ¡Déjame perfumarme! (Intenta
sacar el perfume de la cartera) ¡Es verdad, tienes razón ¿para qué
perfumarme? ¡El público no me va a oler! Los televidentes me van a
ver y los presentes están por allá. Así que si me da la gana puedo
hasta oler mal como huele quien tiene varios días sin bañarse. (Ríe)
Ay, disculpa que hable así, era jugando. (Muestra cabello y uñas)
Fíjate que vine peinada de peluquería, y observa mis uñas, limpias,
sin esmalte, claro para un programa de cocina así es como deben
lucir: pulcras y cortas. ¿Ya puedo comenzar? ¿Ya vas a grabar? (Hace
como si le va a dar algo. Luego habla consigo misma) ¡Ah qué
desasosiego! Pero no, Francisca, tranquila, tú te has enfrentado a
mayores retos en la vida y no puede ser que ahora te vayan a
traicionar los nervios. ¡No! no puedes recaer, tienes que preparar la
receta y además de prepararla explicarla, es decir que vas a poner en
práctica tus dotes pedagógicos. (Nerviosa) Mi mamá quería que yo
fuera maestra, si estuviera viva estaría feliz, porque aquí voy a
enseñar. (Hace gestos provocativos) ¡No, no! Cuidado con los malos
pensamientos... ¡quiero decir educar! ¿El programa a qué hora va a
salir? Pregunto porque como es para la televisión internacional
podría verse en la mañana, en la tarde, en la noche... o en la
madrugada... (Insinuante) ¿En la madrugada? (Sensual y se oye
música sugestiva) Habrá que hacer una parte especial para esa hora
en la que muchos quieren saciar ciertos apetitos y no precisamente de
comida. (Se aclara la garganta. Seria) ¿Entonces qué digo? ¡Ah sí!
Saludos, así saludos a secas, claro saludos, sin especificar la hora,
¿verdad? (Mirando hacia varias direcciones) ¿Hacia cuál cámara
miro?, ¿esta?, ¿aquella? ¡ah, esa! (Se oye el tema musical del
programa) Saludos, amigos. Bienvenidos a Madriguera alegre para
apetitos tristes, el programa que animará los apetitos gastronómicos.
Hoy es la primera emisión y por eso les tengo la siguiente propuesta,
sí propuesta porque tengan siempre presente que el objetivo de este
proyecto no es solamente dar recetas, lo que nos proponemos en
Madriguera alegre para apetitos tristes es refrescarles la vida.
(Música alegre como de la hora loca. Saca sombrero y antifaz y
baila) Eso mismo, alegrarlos a ustedes que están más allá de las
cámaras observando desde sus hogares, desde sus oficinas o desde
cualquier parte. Y a ustedes también los que están en el estudio.
Entiendo que quieren consejos prácticos para vivir mejor. Les
propondré recetas pero ustedes disponen si las toman o las dejan
porque no somos de ninguna manera prescriptivos, o sea que no es
obligado seguir los consejos. Pues tomen en cuenta que la receta que
hoy voy a presentarles es adecuada para un día domingo. Hablando
de domingos, recuerdo una melodía muy hermosa que relaciono con
un domingo cuando tuve la única oportunidad de mi vida de pasear
con mis padres y mi hermana. Papá tenía un cassette con esa canción,
Pablo, la pista número uno del CD que te dejé con la productora.
(Tema “Sugar sugar” del grupo Archie) Es que el día domingo es un
día muy especial. Este es mi primer programa y no quise hacer esta
primera transmisión con una receta que sirviera para cualquier día.
¿Pero, por qué para un día domingo? La respuesta es simple: es el día
cuando toda la familia se reúne. (Se entristece) Realmente no
siempre sucede así, recuerdo que cuando era niña, mi padre no estaba
con nosotros los domingos... ni ningún otro día. Siempre trabajaba
tanto, era comerciante, dueño de una panadería: Panadería El Palacio
de las Canillas, y en verdad él era el rey de las canillas, y hubo un par
de ellas en especial que le hizo olvidar de familia, mujer, hijas. ¡Me
acuerdo de la pobre mamá! Se la pasaba llorando por los rincones
porque papá se enamoró de una de sus empleadas. Sus canillas y todo
lo demás lo cautivaron, y a partir de ese momento no quiso saber de
mamá ni de nosotras, sus dos hijas. Ella era muy dependiente de él y
(solloza) le rogaba. (Imita a su madre. Usa un tono telenovelesco. Se
oye canción rockolera de despecho) Juan, por favor no me
abandones. Sabes que eres lo más importante para mí, sin ti no quiero
vivir, nada más me importa, ni siquiera las niñas. No podré soportar
estar sin ti, no me dejes, Juan. Estoy dispuesta a olvidar tu
infidelidad, lo veré como una simple cana al aire. Juan, no me dejes,
no me dejes... si lo haces, (efecto musical estruendoso y
melodramático) me mato. (Termina la imitación) Todo eso lo
escuchábamos nosotras, María Eulises, mi hermana, y yo. Era duro
saber que no éramos importantes para mamá y que para nuestro padre
no significábamos nada. Pese a sus ruegos, a papá no le importó
abandonarla, parece que fue embrujado por aquella amante que más
tarde se convirtió en la dueña y señora de la panadería y otros bienes
de él. Por su parte, mamá cumplió su amenaza, se suicidó. A ella no
le importó dejarnos solas. Mi hermana tenía doce años y yo trece, a
partir de ese momento vivimos con la abuela, aquella viejita sufrió
nuestros conflictos de adolescentes. Éramos difíciles, nos
rebelábamos contra todo, teníamos dolor acumulado, fuimos
abandonadas por nuestros padres. Nuestra madre se suicidó e hizo
peor que el hombre que nos engendró, el que se muere no puede
hacer nada por nadie, por lo menos él cuando íbamos a su panadería
nos daba algo para sostenernos pero el abandono de ella fue total y
definitivo. Al cabo de un tiempo, María Eulises se fue. Era bella mi
hermana, nunca le faltaron pretendientes pero jamás se saciaba,
estaba con uno y con otro y otro. Jamás, en aquel tiempo, mantuvo
una relación estable, los dejaba. Tal vez, veía en cada hombre el
desamor de un padre. Se fue a Italia a trabajar como modelo. Luego,
se casó con un hombre de dinero y lo último que supe es que vivía en
Inglaterra. Quizás allí reside actualmente. Alguna vez me escribió
pero no nos hemos visto más. A lo mejor, ahora ella sí me verá...
¿Pablo, este programa se verá en Inglaterra? Hello, Mary. How ́s
everything? (Como dándose cuenta de algo) ¿Qué es everything?
(Reponiéndose) Pero por el hecho de que no tenga muchos buenos
recuerdos de los domingos de mi infancia y adolescencia, no quiere
decir que ustedes no puedan pasar maravillosos domingos, tienen ese
derecho, ¡qué digo yo derecho!... tienen el deber de lograr la felicidad
aunque sea un día a la semana (animando al público) y esta receta los
ayudará a lograrlo y a hacer más llevadero el domingo. Recuerden
que la felicidad entra por la boca. Tengan a mano papel y lápiz o
enciendan sus grabadores, el nombre de la receta es... (fanfarria)
camarones al ajillo con ensalada contenta. Los ingredientes son
(fanfarria) un kilo de camarones frescos, tan frescos como las flores
bañadas de rocío de la mañana... Y para que así sean no pueden sino
comprarlos en un mercado popular no tanto por lo barato sino por la
frescura del producto. La receta lleva ajo. Deben ser grandes.
Recomiendo toda una cabeza de ajo. Para pelarlos sumérjalos en agua
tibia por cinco minutos y después pélelos (gestos sensuales) con
facilidad. La ensalada contenta lleva dos tazas de mango cortado en
corazones que no esté ni muy maduro ni muy verde. Dos tazas de
guayaba cortada en triángulos pequeños habiéndole extraído las
semillas previamente. Dos tazas de piña cortada en círculos. Vamos a
detenernos un momento aquí para recomendarles piña enlatada
(muestra la lata poniendo tono de comercial y subiendo el volumen
de voz) El Barquito de Oro. ¿Verdad que es fastidioso el cortar piñas?
Pues no pierda tiempo cortando y pelando la piña. (Hace una
demostración torpe de cómo es desagradable hacerlo) Atrás quedó
ese horrible tiempo. (Saca la piña enlatada y hace una demostración
de cómo es fácil y agradable la tarea si se usa el producto que
anuncia) Piña enlatada El Barquito de Oro. El uso de la piña enlatada
El Barquito de Oro le evita el espantoso fastidio de tener que pelar y
cortar esta fruta, con el riesgo de dañar sus manos y sus uñas. Si
usted va al supermercado y consigue esta pequeña lata se ahorrará no
solamente dinero sino calidad de tiempo porque eso de estar cortando
piña so pena de amputarse un dedo o una mano es cosa del pasado.
Evítese malos ratos, vaya al supermercado y compre su lata de piña
El Barquito de Oro. (Transición) Y seguimos con nuestra receta:
agregue una taza de apio sancochado y cortado en rectángulos
pequeños. Ponga sal al gusto. Qué maravillosa sustancia es la sal.
Nos permite darle sabor a la comida. Así como debemos salar la vida
para darle ese toquecito, ese saborcito, es igual que añadirle una
guinda a la torta.
Se adereza con una taza de miel. Por cierto la mejor miel que puede
encontrar en el mercado es la miel Flor de Vida. (Otra vez
promociona. Se oye fanfarria) Suave, nutritiva, miel Flor de Vida,
adquiérala en su supermercado favorito. Seguimos. Para que la
ensalada esté de verdad contenta, añada también el zumo de un
limón. (Con desagrado) Voy a interrumpir el programa, porque estoy
obligada por el Ministerio de la Familia y bla bla bla bla a dar la
siguiente información: (Tono de locutor de programa documental,
tipo Discovery Channel) El agua es una sustancia líquida, inodora,
insípida e incolora, necesaria para la vida. Se emplea en la
alimentación, lavado de ropa, aseo personal, limpieza de las ciudades
y del hogar, riego de plantas, en la industria, en la agricultura y
ganadería, como fuente de energía y para la recreación. Debemos
cuidarla, no malgastándola. ¿Qué has hecho por el agua del planeta
hoy? Hemos transmitido la anterior información porque estamos
siendo obligados por el Ministerio de la familia y bla bla bla bla bajo
la amenaza de cerrar el programa si no lo hacemos. (Cambia de
humor) ¿Pablo, crees que al dueño del canal le gustó mi tono?
¿Mostré verdadera molestia? (Entusiasmo) Bien, ahora sí seguimos
con el planeta, digo, con el programa, lo siguiente que haremos es
limpiar y pelar los camarones. Por cuestión de tiempo ya estos están
pelados y limpios. No hay nada peor que pelar camarones, les
recomiendo que cuando vayan a preparar este plato lo hagan en
familia. No hay nada mejor que la familia. Si fueran cuatro los
miembros de esta, podrían dividirse los camarones que van a ser
pelados: (Tono infantil y se deja oír música infantil de fondo) una
porción para mamá, otra para papá y otra dos para María y para mí
respectivamente. (Tono normal) Así el trabajo no será tan afanoso y
lo que es mejor pasará rápido. Hay que aprovechar la familia, dicen
algunos libros viejos que es la célula fundamental de la sociedad.
Quien cuenta con una familia lo tiene todo. No importa que no tenga
que comer pero si tiene una familia no sentirá hambre, no importa
que no tenga un techo pero si tiene una familia usted creerá que
duerme sobre colchones refinados. (Triste) Mi única familia es mi
perrita, cuando llego a la casa sale a recibirme, si no fuera por ella,
¿qué sería de mí? La soledad me mataría. (Reponiéndose) Bien, no
estoy aquí para hablar de mí. Amigo mío, amiga mía, este es el
momento justo para pintarte el siguiente panorama: imagina, una
alfombra roja que te espera, visualiza el traje que llevas puesto, un
auténtico modelo del diseñador del momento que hace que se
destaquen tu originalidad, elegancia, glamour, zapatos de tacones
Tanzanita, un estupendo peinado, una fragancia absolutamente
exquisita y ¿cómo llegas? No puede ser de otra manera si no es en un
lujoso automóvil, para que todos noten tu clase y aparte... tu encanto,
tu charming. Para ti un (tono de ejecutiva): Lamborghini Veneno.
Este vehículo está entre los diez autos más caros del mundo. Es el
sueño de los hombres y mujeres inteligentes y con poder adquisitivo,
una verdadera joya que solamente tú puedes tener. Conviértete en una
persona que tiene lo que merece. Recuerda, la única opción es
simplemente tener. Si no puedes adquirirlo, olvida este mensaje, no lo
escuches porque es así de simple: no es para ti. Pero para ti, sí, tú que
tienes dinero, esclavos, perdón, servidumbre pero que también amas
la cocina, como arte, como actividad lúdica que te desestresa y es por
eso que estamos aquí en Madriguera alegre para apetitos tristes.
(Transición) ¡Muy bien, muy bien! Continuamos con nuestros
camarones. ¿Sabía usted que... entre los camarones hay uno que lo
llaman el camarón limpiador? ¡Sí! Se alimenta de las bacterias que
viven en la boca, branquias y ojos de los demás seres marinos. Los
animalitos del mar hacen cola y esperan pacientemente a que les
toque el turno, y cuando llega el momento se quedan como en trance.
Así me quedaría yo, (insinuante) en trance si tuviera quien me pasara
la mano de vez en cuando y que me dijera: cocina para mí, mi amor.
Bueno, bueno señores no escuchen lo anterior, bórrenlo, pásenlo,
(gritando) ¡pero no! no toque el control remoto que ya seguimos con
el plato de hoy. ¿Sabía usted que los camarones son afrodisíacos?
¡Claro! Estimulan el apetito sexual. Yo los recomiendo. Y este
consejo lo certifico. Señora, si usted tiene un pantalón que la
acompañe, entonces coma bastante camarón; señor, si usted tiene una
falda que lo escolte, entonces coma bastante camarón, (perdiendo el
control) pero si está íngrima o íngrimo como yo entonces páselo,
olvide lo que le dije y ahora soy yo la que le pido que se cambie de
canal. Busque un programa que no le recuerde a cada rato que usted
está tan solo, tan solo, tan solo como un lucero perdido en un cielo
sin estrellas. (Transición) Y sigo, coloque un poco de aceite de oliva
en una sartén y agregue ajo, mucho ajo y sofríalo luego. Añada los
camarones y podrá observar que van tomando un color rosado muy
agradable, no deje que se cocinen mucho. Para todo es necesaria la
justa medida. (Ensimismada) Yo sé y entiendo que todos los seres
humanos necesitan alguna vez estar solos pero ¡así como yo no! no se
lo deseo ni al peor enemigo. ¿Sabe usted lo terrible que es que algo
bueno o malo te pase y no tengas con quien compartirlo? Hasta una
que otra peleíta es necesaria a veces, pero ni eso, no tengo con quién
pelear ni siquiera. (A la audiencia) Bueno amigos olvídenlo y
volvamos a los camarones. Sáquelos del fuego, no permita que se
pasen. No hay nada peor que eso. Es igual cuando ya pasas de los
treinta y esa media naranja que esperaste tanto no llega. (Se oye el
tema musical “When we get married” del grupo Fruit Gum) Yo todos
los días rogaba a Dios que antes de los treinta y cinco alguien se me
declarara. ¿Y a qué no saben? (Se altera) Un día antes de mi
trigésimo quinto cumpleaños se me declaró una compañera de trabajo
y yo quedé estupefacta. Desde entonces aprendí que hasta con Dios
hay que hablar claro. Debí ser muy precisa indicándole que era un
hombre lo que yo quería. (Se vuelve a reponer). Y ahora le toca el
turno a la ensalada contenta. Aquí tengo todo cortado: el mango, la
guayaba, la piña y el apio. El mango en corazones, la guayaba en
triángulos, la piña en círculos y el apio en rectángulos. ¿Sabían
ustedes que el mango es la fruta de la felicidad? Por su aroma y por
todos los beneficios que proporciona. (Con picardía) Además es una
de las pocas frutas que se chupan. (Pausa breve) Así que sea
generoso agréguele grandes cantidades y cómalo cada vez que pueda,
mire (come) quiero ser feliz, busco la felicidad y si usted también está
en esa búsqueda ya sabe cuál es el secreto, grandes dosis de mango,
tal vez a usted sí le resulte porque lo que es a mí nada, nada de nada
de nada. Ojalá todo en la vida se resolviera con mango, se asaltarían
las matas y estarían vacías porque todo el mundo acudiría a ellas y se
formarían largas colas como las que se forman frente a los
supermercados, perfumerías y etc., etc., etc. No estaría ese reguero de
mangos pudriéndose en el suelo. Pasaría como hace muchos años con
el limonero del señor del centro de Caracas que fue despojado de sus
frutos porque se vio el limón como la fruta milagrosa capaz de curar
a la población de la peste que sufría a principios del siglo XX. El
mango depura el organismo. ¿Depurará el alma? Favorece la
digestión ¿Favorecerá el amor? Ayuda a eliminar los líquidos
retenidos en el cuerpo. ¿Ayudará a eliminar los odios? Mejora la
agudeza visual. ¿Propiciará la agudeza mental? Purifica la sangre.
¿Purificará los sentimientos? Combate los males de la piel y la caída
del cabello. ¿Combatirá los males del alma y el derrumbe de la
alegría? La respuesta es un contundente no. No nos engañemos. Esas
cosas no las puede lograr el mango pero junto con los otros
ingredientes nos ayuda a sobrellevar las angustias, el dolor, la
tristeza, la depresión. Este programa es una madriguera, la
madriguera que alegra el estómago, el paladar, el olfato, si se quiere
deleitar entonces no deje de volver a sintonizar Madriguera Alegre
para Apetitos Tristes la próxima semana, a esta misma hora y por este
mismo canal. (Sonrisa congelada)

HERIBERTO ¡Francisca! ¿Dónde andas? ¡Ah, ya sé! seguro estás en la cocina,
jugando a grabar el susodicho programa culinario! (Aparece y se
acerca a FRANCISCA quien ha descongelado su sonrisa).
HERIBERTO ¿Mujer, ya hiciste el programa? ¿Cómo te salió hoy?
FRANCISCA Bien, bien, pero déjame que tengo que empezar ya a preparar el de
mañana.

HERIBERTO Pero, chica, ¿no te parece que te mereces un descansito? Además ya
es la hora de tu pastilla.

FRANCISCA ¡Noooo! La pastilla no, no quiero dormir. Yo gané el casting, este es
mi momento estelar y no voy a permitir que nadie me quite mi
momento. Además, tengo que comprar los ingredientes para la receta
de mañana, yo no puedo estar durmiendo.

HERIBERTO Francisca, es muy tarde, ni se te ocurra hacer compras ahora.
FRANCISCA Es que no tengo otra opción. Tengo grabación muy temprano.

HERIBERTO Vamos a hacer algo, me das la lista de ingredientes y me comprometo
en traerte todo mañana. Ahora es mejor que descanses. Mira que el
doctor dijo que estabas mejorando. No puedes descuidar tu salud.

FRANCISCA Solo si me prometes traerme todo, me tomo la pastilla.

HERIBERTO Cuenta con eso. Tú me conoces.

FRANCISCA Bueno, entonces anota, te voy a decir lo que necesitaré mañana.

HERIBERTO Vamos a tu habitación y me vas diciendo. No será necesario anotar.
Tengo buena memoria. Anda, dime, dime (le coloca brazo sobre el
hombro)

FRANCISCA Siempre me dices lo mismo pero no me cumples y entonces tengo
que cambiar la receta a última hora por no tener los ingredientes
completos. Yo me debo a los televidentes y suelo ser respetuosa con
ellos. A mí no me gusta improvisar.

HERIBERTO Te juro que esta vez te cumpliré. ¡Dime! ¿Qué es lo que necesitas?

FRANCISCA Mira voy a necesitar, lechuga, mucha lechuga como dos kilos, es que
compartiré con los muchachos, tú sabes... el director del programa,
los camarógrafos. Ah también vinagre de vino, pero el de la botella
azul, ni se te ocurra traerme el del envase de plástico. También
aceitunas, pollo al cuadrado o sea repollo, pasas rubias y negra, maní
y... pistacho, merey, avellanas... es que voy a preparar una de mis
ensaladas contentas, no tristes, contentas. Así como yo, que siempre
estoy contenta, alegre, feliz. Es que lo tengo todo. ¿Qué más puedo
pedir? Tengo esta hermosa casa, una familia abundante y amorosa, mi
programa, mis recetas, mi belleza, mi juventud, un hombre que me
adora. ¡Lo tengo todo! Soy dichosa, feliz, alegre, boyante, satisfecha,
ufana, radiante, próspera, eufórica, bienaventurada... y muchas cosas
más que quieran decir feliz. (Sigue hablando desaforadamente
mientras HERIBERTO se la lleva. Bajan las luces).

FIN


LINKS DEL PDF DE ALGUNAS OBRAS

Madriguera alegre para apetitos tristes

Mariana Inés Gil como Francisca  

  Luisa heroína


(Premio Concurso Autores Inéditos Monte Ávila Editores 2012)


Almas insomnes
Sucedió esa noche 



Teresa
 piano piano










Crítica teatral de Ligia Álvarez

Granada, traición y crimen. Reseña Por Ligia Álvarez   El pasado sábado 7 de septiembre, a las 7:00 p.m. —con rigurosa puntualidad—, dio in...