Textos dramáticos, narraciones, poemas y mucho más para compartir con el mundo.
sábado, 5 de mayo de 2018
domingo, 22 de abril de 2018
Entrevista a Ligia Álvarez en El Universal (Transcripción)
CERTERA EDAD DE
Caracas,
Miércoles 21 de marzo de 2018
SUPLEMENTO
CERTERA EDAD
PERSONAJE
LIGIA ÁLVAREZ
NACÍ
PARA SER DOCENTE
|
A
sus 57 años anhela publicar sus obras teatrales Sucedió una noche y Teresa
con sabor a Frufrú. |
—¿Docencia o dramaturgia?
Las dos actividades
son relevantes para
mí. Me formé como
docente en la
Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) de Caracas. La
docencia es una profesión para la cual se debe tener vocación y yo la tengo. De
ninguna manera se contradice
con la otra
pasión que tengo
que es la escritura,
en especial la
dramaturgia. Por fortuna,
en los actuales momentos
estoy conjugando ambas
porque soy personal académico
de la Universidad
Experimental de las Artes.
(UNEARTE) y ahí
facilito la unidad
curricular Dramaturgia. Sin embargo,
existe una gran
diferencia entre enseñar un
idioma extranjero y dramaturgia. Cuando enseñas inglés en
un país donde
la lengua materna
es el castellano, debes seguir
patrones muy puntuales
en la metodología,
es preciso repetir y
sin poder evitarlo
se hace un
poco mecánico. En cambio, cuando se trata de dramaturgia siento mayor
libertad porque se comparten experiencias. Cuando escribo
un texto teatral
me entusiasma pensar
que puedo dejar una
creación para que
sea leída y
montada por generaciones futuras.
Y no digo
que por las
generaciones presentes, porque existe en ellas un gran desprecio por lo
que se escribe en
el país, sobre
todo si los
escritores no son conocidos.
—¿Cuál fue la mayor lección que le dio la vida?
Que nada es
eterno en la
vida como dice
la canción. Lo aprendí a los 24 años cuando murió mi
abuelo.
—¿Reescribiría su vida?
Así como cuando escribimos en la computadora y nos equivocamos o no nos gusta lo que escribimos, así me gustaría poder tener el poder de borrar ciertos errores cometidos por mí. Que quede claro solamente ciertos errores, lo demás que quede igual.
—¿A qué le teme?
A la muerte
de mis seres
queridos, o que
algo malo les ocurra como un accidente, o que sufran o
se enfermen o que ellos cometan errores
irremediables y se
dejen llevar por la
ira.
—¿Cuál es el mejor consejo que le han dado?
“Estudia hijita, estudia”. Ese es el consejo que siempre
mis abuelos y mi madre
me daban. Yo
tomé en serio
esas palabras, a pesar
de que en nuestro país
no se premia
el estudio.
—¿Qué significa el erotismo para usted?
Tiene que ver con el amor espiritual y el amor físico, Es el
juego con la
sensualidad y la
sexualidad. Es importante manejar bien
el erotismo en
la escritura. Los
cinco sentidos ejercen un
rol fundamental. Es
necesario tener clara
la diferencia entre el erotismo y la pornografía.
—¿Existe la mala dramaturgia?
Pienso que sí.
Siempre existe calidad
y ausencia de la
misma. En el
caso de la
mala dramaturgia, es
aquella cuyo objetivo es
producir fácilmente risa
y otras reacciones
por medio de la
vulgaridad, la falta de
creatividad y el amarillismo cuyo fin último es la
ganancia en la taquilla.
—¿Sigue considerándose una nueva voz en la dramaturgia venezolana?
Mientras tu voz
no sea escuchada
o esté en
la sombra, seguirá siendo una voz
nueva así tenga cien años.
|
Descubriendo
a la mujer a través de sus gustos Una
comida • El pabellón criollo “con bastante picante es el cielo para mí”. Un
lugar • El Paseo Orinoco de Ciudad Bolívar. “Lo visitaba cada agosto con
mi madre, mis
abuelos y mis hermanas.
La última vez que estuve
por allá fue
en 1985 en
compañía de mi esposo y mi
abuela”. Un
libro • Cien años de soledad. Una fecha
• El 18
de junio de
1937, “el maravilloso
día cuando nació mi madre Ligia del Carmen". |
miércoles, 7 de febrero de 2018
Consejos de fábula: Seamos como la hormiga
lunes, 16 de octubre de 2017
Hojas del pasado de Ligia Álvarez
HOJAS
DEL PASADO
Ligia
Álvarez, Venezuela
Era el año 2040 y XL5
se encontraba hospitalizada
en la clínica 31.745-XL. Sufría de
Cukrach-OZ, una terrible
enfermedad degenerativa
de la cual los
científicos sabían muy poco. Hasta entonces, todas las
incidencias presentadas habían
terminado en decesos.
Hacía apenas unos meses
se iniciaron las investigaciones
que arrojaron algunos hallazgos al parecer no muy significativos.
XL5 tenía cada
días menos fuerza. Ni
siquiera podía comer.
Estaba siendo alimentada mediante
la computadora central,
operada por un médico. El alimento
llegaba a su
estómago directamente
gracias al programa
37B. No obstante, no
era lo ideal. De
esa manera solamente
podría resistir
unos dos meses cuando
mucho.
XD6, su esposo,
le custodiaba el
sueño a través
de la enorme pantalla
de televisión que
ocupaba una pared
completa ubicada en
el frío y solitario
corredor del centro
de salud. Estaba casi vencido
por el sueño y
el cansancio cuando sintió
el vibrador de su
phone last generation
two de muñeca. Leyó
el mensaje entrante:
"#$ќ℅═┴┤ΩфФЭЮ₤₣‼ўџҐ→↑←↓↔╬. Era del médico DS1. Le decía que existía una
planta cuyas hojas podrían salvar a su
esposa. Estaba localizada en América del Sur del año 1400. Se encontraba
exactamente en tierras de los yanomami. Únicamente, se requerían unas seis o
siete hojas. Pertenecían a un árbol del
tamaño de un dinosaurio. Las hojas eran de color azul celeste. Con ellas, se
prepararía una simple infusión, al
tomarla XL5 se curaría. Por lo menos, esa era la conclusión a la que había
llegado después de leer muchos E. books antiguos, modernos y contemporáneos. La
travesía era tal vez una tarea fácil para un hombre joven. Ese no era el caso
de XD6, pero no había otra opción: si amaba a su esposa y la quería sana, tenía
que viajar a través del tiempo. El viaje duraría apenas treinta minutos, y
luego tendría treinta minutos más para conseguir las hojas.
XD6 observó su phone de
muñeca y colocó las agujas en el número de contacto del facultativo. De
inmediato la imagen de su esposa en la habitación fue sustituida por la del
médico, quien de inmediato inició la conversación:
-
Señor XD6, espero que esté preparado para el viaje.
-Precisamente, lo estoy llamando porque
quisiera que me explicara mejor como sería el procedimiento.
-
No debe preocuparse. Todo será muy rápido. Al llegar al año 1400 quedará en
frente del río bendito de los yanomami.
Todo será programado por mí desde aquí en la máquina de tiempo-espacio.
Una vez en el lugar, verá un árbol de tamaño y forma de dinosaurio y tomará las hojas. Yo lo estaré
monitoreando a través de la
pantalla, presionaré el botón de retorno y todo habrá terminado porque de
inmediato volverá a este mismo recinto. Dígame, ¿está dispuesto?
-Por
supuesto doctor, por el amor de mi vida soy capaz de viajar hacia lo
desconocido, a mis sesenta y cinco años
-Bien
no perdamos tiempo. Véngase para mi oficina.
Una
vez allá todo se inició.
-Colóquese
debajo del monitor. - Ordenó el doctor. Voy a proceder a dividir la pantalla
para no descuidar a su esposa y al mismo tiempo supervisarlo. Recuerde algo: una vez que cumpla con la tarea, debe volver exactamente al lugar donde
arribó. Cuando usted esté allí
presionaré el botón y retornará. ¿Ha entendido todo?
-
Sí, doctor.
-Por
cierto, deje alguna marca en el lugar donde aterrice, no puede haber error o de
lo contrario no regresará.
-Claro,
colocaré una roca en el lugar.
-
Muy bien. Debe ir muy liviano. Despójese de
zapatos, medias, camisa y pantalón.
Se
procedió. Todo estaba bajo control. Cuando XD6 estuvo listo y ubicado, el
doctor le colocó los electrodos que lo conectaban a la computadora y al
monitor, presionó el botón de viaje al año 1400. En treinta minutos exactos,
llegó a la selva. El caudaloso río gritaba sus rumores de vida y muerte, de
inicio y final. Se escuchaban los sonidos producidos por las anacondas en las aguas cristalinas de los yanomami. Los
truenos retumbaban entre las ramas de los inmensos árboles, anunciando las
continuas lluvias. Se sentía el viento
caliente de la tarde, y ya se presentía el viento tibio de la noche que venía
del norte. Voces lejanas eran traídas por la brisa. Recitaban mitos y leyendas
en un idioma extraño. Se oía la música
producida por flautas de carrizo. Igualmente, se advertían pasos humanos rápidos
entre las hojas secas que habían caído de los árboles. Todo eso lo percibió XD6
en segundos. Antes de retirarse del
lugar de aterrizaje, arrimó una piedra medianamente grande y la colocó como
marca, para no perder la pista exacta. Se acercó al árbol de forma y tamaño de
dinosaurio y tomó no seis o siete hojas, sino un gran puñado, pensando tal vez
que no podían faltar, así sobraran. Se dirigió al sitio donde había dejado la
marca. Del otro lado, el doctor solo tenía que presionar el botón de retorno. Casi
lo hizo pero sintió un agudo dolor en su pecho.
Cayó fulminado por el infarto número cinco que había sufrido en vida y
que lo llevó a la muerte. XD6 se quedó en el año 1400 y nunca se supo si
las hojas del pasado eran efectivas para la curación de Cukrach-OZ de la que padecía XL5.
Día bancario de Ligia Álvarez (cuento)
Correo electrónico: ligialvarez@gmail.com
Facebook: Ligia Alvarez
Twitter: @mecha1960)
Aquel individuo
únicamente quería retirar algo
de dinero del banco. Todos los informantes
aseguraron que exhibía muy buena presencia, cuerpo atlético y vestir sobrio.
Llevaba una camisa de seda y pantalones de excelente tela. La fragancia Acqua Di Parma que se
había aplicado hacía que más de una volteara a mirarlo y dibujara deleite en la
expresión del rostro. Su cabello lo usaba muy corto a los lados, y en la parte
superior algo alto gracias al gel fijador. Manejaba un automóvil descapotable y
hundía suavemente sus zapatos de piel
color blanco en el freno, la música relajante que se escuchaba desde su
vehículo llamaba la atención de los contados transeúntes. Era la felicidad
sobre ruedas. La poca gente que lo veía
pasar se preguntaba si acaso no era algún artista internacional o un escritor
de fama mundial.
Lo cierto era que solamente quería
retirar algo de dinero del banco para solventar ciertos problemas que se solucionaban con una buena cantidad, tal
vez ya estaba requiriendo de un nuevo vestuario, su perfume favorito estaba
llegando al fin, su auto necesitaba un repuesto costoso o cualquier otra cosa
que sólo él conocía. Manejaba su elegante máquina por la avenida rodeada de
árboles por ambos lados. Protegía sus ojos del sol y el polvo con unos lentes Louis
Vuitton oscuros por lo que nadie pudo atestiguar de qué color eran. Siguió
manejando hasta el final de la avenida, giró a la izquierda y disminuyó la
velocidad. Evidentemente, estaba en la búsqueda de un lugar adecuado para
aparcar. Una vez encontrado el mejor
puesto que pudo, se estacionó. Aquel espacio
no sólo era conveniente sino además cercano al área donde se dirigía.
Abandonó el vehículo, sin olvidar
palparse los bolsillos para saber si todo lo imprescindible estaba en su lugar. Caminó unos pasos, en
realidad había pocas personas en la calle, era la hora de la siesta en el
pueblo. Dio un vistazo a las casas, todas se parecían con sus árboles de mango
en el patio delantero y al final del
porche la puerta de madera con su timbre para llamar. Cuando se retirara,
pensó, escogería un sitio así, pacífico
y silencioso, para vivir hasta el final de sus días. El ladrido de un can violó
momentáneamente su tranquilidad y lo hizo saltar de improviso. Tenía que
cuidarse, no es bueno pasar tan cerca de las viviendas, los caninos suelen ser
muy celosos con su territorio. Llevó su mano hasta el bolsillo de la camisa y
extrajo de un estuche elegante un cigarro extra-grande. Llegó hasta el exterior
del pequeño edificio de dos pisos del banco, mientras daba unas bocanadas, se
quedó contemplándolo. Observó la hora en su Rolex. Miró hacia la puerta
de vidrio. Los cristales ahumados impidieron que tuviera una visión del
interior. Sin pensarlo más, se acercó y empujó suavemente la puerta.
La brisa caliente que había estado
sintiendo se transformó en un hálito
frío producido por el aire acondicionado. El lugar estaba casi solitario. Era
el único cliente. Había escogido un buen día y una buena hora. Notó la
existencia de dos taquillas pero nada más una funcionaba. El vigilante dormitaba en la casilla. El
gerente y otros empleados conversaban en la parte trasera. Se acercó a la caja.
La encargada era una mujer de cabello largo recogido y con la cara pintarrajeada. Le sonrió con una sonrisa
refrigerada.
-Muy
buenas tardes caballero. Debe tomar un número en la máquina.
-¿Para
qué si soy el único cliente?
-
Señor debe tomar un número.
-Creo
que eso puede esperar.
El
hombre llevó su mano al bolsillo de su pantalón y extrajo un revolver tan
pequeño que parecía más bien un dispositivo USB.
-Señora tenga la amabilidad por favor y me
entrega todo lo que tenga de dinero.
La
mujer viendo que aquel aparatico la apuntaba y que sabía le podía quitar la
vida, fue esta vez inteligente y con apremio introdujo los fondos en un sobre
grande y con eficiencia se lo entregó. Nadie pareció darse cuenta, ni siquiera
el vigilante.
El individuo salió, abordó su
automóvil y se marchó. Cuando la alarma contra robos se activó ya el hombre
recorría la larga avenida de regreso a la carretera que lo llevaría a otro
pueblo tranquilo donde con seguridad únicamente querría retirar algo
de dinero del banco.
miércoles, 11 de octubre de 2017
Virtuoso entre virtuosos en tres tiempos de Ligia Álvarez
Las cuerdas lo llevaron a detenerse un poco en lo que nunca fue, su deseo de ser religioso. No pudo es verdad, pero su profesión siempre la asumió como un sacerdocio. Ahí están sus pacientes, sus enfermos, los pobres que nunca tuvieron para pagarle, y los ricos que le permitieron tener unas cuantas cosas que dejará a los suyos antes de irse a la eternidad. Por cierto que algunas ya las repartió cuando creyó que podría desprenderse de lo material antes de irse a Europa a intentar su vida mística. Ahí también están sus investigaciones médicas, y volvió a ver el rostro de Rangel, pero con un movimiento más brusco que el primero lo borró de nuevo.
Pensó en la muerte, la amaba, la quería, era la manera a través de la cual él creía podría ascender y trascender. Pensó en todas las veces que sus enfermos le habían dicho que no era de este mundo. De verdad lo sentía, se había moldeado muy bien a la vida terrenal pero experimentaba la necesidad del espíritu y de Dios y en la vida como hombre no la hallaba. La música lo transportaba, y era que quería llegar allá y más allá y casi lo logra pero su hermana lo interrumpió para decirle que alguien lo solicitaba. Así que dejó el violín a un lado y caminó hasta la sala.
Era un emisario de la anciana que había estado visitando en los últimos días. Había agravado. Rápidamente salió de la casa, pero antes quiso pasar por la farmacia a comprarle un medicamento que él sabía que necesitaba. Después de hacer la compra, salió de la botica. Vio un tranvía estacionado y otro que subía por la esquina hacia más allá. Entre dos vehículos no se percató de que venía un automóvil que de manera lenta pero certera lo impactó e hizo que se golpeara contra el filo de la acera. Y ahí quedó el hombre, el cuerpo, el ser de este mundo. Sus últimas palabras fueron “virgen santísima”, oídas por varias personas, sin embargo lo que nadie oyó fue lo que seguidamente pensó “vienes a llevarme a donde tanto he querido ir, pero sé que siempre continuaré estando por aquí ayudando a mis enfermos, a mis necesitados”. El chofer del automotor se acercó y vio los ojos de José Gregorio Hernández, pero como estaba tan nervioso jamás entendió que en sus ojos brillaban el agradecimiento y la bendición.…
Tuvieron que pasar muchos años para que Ligia supiera del doctor milagroso. Tenía quince o dieciséis años y nunca había oído hablar del llamado médico de los pobres. Pero estaba marcado en su destino, que sería junto con sus seres amados una beneficiaria del galeno. La conocí un día cuando paseaba por La Candelaria y decidí entrar a la iglesia donde reposan los restos de Hernández. Me llamó la atención su presencia porque rezaba muy bajito y con los ojos cerrados. Me acerqué y esperé que finalizara sus oraciones. En los últimos meses había estado investigando acerca de las manifestaciones religiosas del pueblo venezolano. Vi en la anciana a un informante, así que le pregunté por qué tanta veneración. Quedé sorprendida con la facilidad con que me regaló su historia, su anécdota, que ahora transcribo en estas líneas.
Jamás se había interesado por el médico, porque simplemente nunca había oído hablar de él. ¿Cómo interesarse por algo que no se conoce? Transcurrieron muchos años y su padre hubo de sufrir un accidente para que descubriera cómo era que un hombre podría obsequiar bondad después de muerto.
A Ligia de setenta años le tiene sin cuidado el hecho de que el vaticano se ha negado a conferirle la santidad al galeno. Lo que ella verdaderamente valora es su propia fe. En esa oportunidad, Ligia me relató una historia que comenzó aproximadamente cincuenta años atrás.
Cuando llegaron a casa, Carmen Adela y Ligia del Carmen fueron avisadas por varios vecinos que autoridades policiales habían ido a informar sobre el accidente ocurrido al padre de familia. El entonces denominado puente Sucre se había derrumbado y había caído sobre la humanidad de algunos trabajadores que participaban en su construcción. Entre los desafortunados estaba Pedro, obrero del cemento y del bloque y esposo y padre de Carmen y Ligia respectivamente. Algunos cadáveres permanecían en el hospital. Para allá, se dirigieron desesperadas las dos mujeres. Una vez en la institución médica, fueron informadas que Pedro no había fallecido pero que estaba muy grave luego de sufrir una fractura doble de cráneo. Los médicos no proporcionaron ningún tipo de esperanza. A pesar de todo, las dos mujeres nunca cesaron de tener confianza en la salvación del ser amado.
Ligia no sabe explicar por qué pero repentinamente sintió que una fuerza interna e inmensa la hizo abrir su cartera y buscar la estampa que recientemente le habían regalado. Pidió con fe, una fe enérgica, que nunca más ha vuelto a experimentar.
Las sufridas damas pasaron la noche en el hospital en espera de información. Todos los amigos se marcharon entrando la medianoche. El hospital quedó solitario. Ligia pudo atisbar, pasadas las doce, a un hombre que se paseaba de un extremo de la sala a otro con los brazos atrás. Vestía un flux con rayas y cuadros menudos. El hombre se detuvo frente a la muchacha e inquirió cómo seguía el enfermo. La joven no pudo responder porque rompió a llorar. Al rato, el desconocido desapareció.
Al día siguiente, durante la hora de la visita, acudieron muchos amigos y conocidos porque Pedro era una persona muy apreciada por todos. A Ligia le llamó la atención que el hombre no se apareció más. Unos días después, el facultativo que atendió al obrero, habló con las damas y les manifestó que su familiar había mejorado y, que además, agregó, aquello parecía un milagro. Pese a la gravedad de la fractura craneal, no le quedó ninguna secuela. Únicamente, perdió un ojo porque ahí en el hospital no se contaba con los servicios de un oftalmólogo y no se podía movilizar al paciente para otra parte. Más adelante, el padre recordó que un médico, con las características antes descritas del doctor José Gregorio, había entrado al recinto y le informó que lo operaría. No recordó nada más.
Pasaron veinte años, cuando Ligia se dio cuenta de que la persona que había visto era realmente el doctor Hernández. Lo supo porque transmitieron una serie televisiva y el hombre que hacía el papel del médico era alguien muy parecido a él. El actor se llamaba Américo Montero. Cuando lo vio en la televisión, se percató de que el individuo que preguntaba por Pedro, era según ella, nada más y nada menos que el llamado médico de los humildes, y en ese momento fue cuando se reveló ante su raciocinio el milagro. Desde entonces Ligia cree ciegamente en el doctor José Gregorio Hernández porque para ella, él es venerable entre venerables.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Yo aparezco cada vez que una escritora me piensa de Ligia Álvarez
![]() |
| Mi escritora favorita y mi inspiración. |
![]() |
| De luto en Europa. |
![]() |
| Aquí yace y fue en este lugar donde la entrevisté en mis sueños. |
miércoles, 31 de mayo de 2017
Caracas, la convulsionada de Ligia Álvarez
sábado, 4 de marzo de 2017
FLORES Y ARSÉNICO de Ligia Álvarez. (Fotos de su primer montaje)
martes, 31 de enero de 2017
EL MAJARETE VENEZOLANO CON POESÍA, AMOR Y OTROS INGREDIENTES
Crítica teatral de Ligia Álvarez
La Quema de Judas: Crítica Teatral Por Ligia Álvarez El pasado viernes 14 de noviembre de 2025, en el mar...
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ALGUNOS TEXTOS TEATRALES DE LIGIA ÁLVAREZ MADRIGUERA ALEGRE PARA APETITOS TRISTES DE LIGIA ÁLVAREZ El tiempo aquí es una maravilla. Brisa co...
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Elizabeth Schön Fue poeta, dramaturga, ensayista y columnista de prensa. Nació en Caracas el 30 de noviembre de 1921. Su infancia trans...
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La Locura de Reverón Por Ligia Álvarez El sábado 15 de noviembre de 2025, el grupo teatral Cinqueña...














