sábado, 18 de febrero de 2023

Comentario sobre Reverón. El grito de luz. Monólogo de Germán Ramos

 Comentario sobre Reverón. El grito de luz. Monólogo de Germán Ramos


Versión libre y dirección de Roberto Valecillos


Ligia Álvarez





 Este monólogo nos invita a asistir al Castillete de  Macuto, lugar donde vivió nuestro

maestro Armando Reverón en sus últimos años de vida junto a su amada Juanita. El 

espacio escénico se nos muestra lleno de luz y color. Esas son dos cosas necesarias para un

artista plástico. Somos, nosotros, los espectadores /lectores, sus invitados especiales. Al

personaje Reverón cada día se le plantea como una fiesta. Esa celebración significa loar  la

luz, el color y el amor de su vida, Juanita. De esa manera el dramaturgo traza con palabras

convertidas en imágenes teatrales que sugieren personajes y un ambiente. El Reverón de

Ramos también a nosotros nos festeja. Además del pintor,  nuestros anfitriones silenciosos,

a quienes Reverón les da voz, son las muñecas de trapo y el mono Pancho. El escenario, en

cuyo centro se expone un círculo colmado de arena, conchas marinas y velas encendidas,

nos introduce en el mundo místico-tropical del artista de Macuto. Somos partícipes en

primera fila del ritual que sigue para pintar sus obras: imitación del canto del gallo, danza y

el uso que hace de materiales rústicos para crear los colores que nos permiten navegar el

mar de la utopía.

Algunos exclaman a los cuatro vientos que la dramaturgia no es literatura, la

hermosa didascalia inicial de Ramos disipa cualquier  duda al respecto. La dramaturgia es

primero un texto literario y después una puesta en escena. Existe otro prejuicio por parte de

unos cuantos artistas de las tablas. Afirman que el requisito para que un texto sea teatral es

que presente acciones y según ellos el monólogo carece de ellas por ser una simple

conversación del personaje consigo mismo, con el público o con un objeto o sujeto mudo

animado o no. A este monólogo nadie puede tildarlo de carente de acciones dramáticas.

Cuenta con suficientes. A continuación nombro algunas que lleva a cabo el personaje:

pinta, danza, dibuja imágenes en el espacio, interactúa con el público, exorciza, imita a sus

interlocutores imaginarios,  abre un libro, se lo pone en la cabeza, dialoga con Juanita, saca

muñecas y títeres, presenta al  mono Pancho, lo viste, habla con voz impostada, exhibe

modales refinados a manera de mofa, se involucra con el público y no solo eso, envuelve al

público en la atmósfera tropical.  Todas estas son acciones propiamente teatrales.

Dicen que los niños y los "locos" siempre dicen la verdad. Por eso escuchamos y

sentimos la ironía cuando se refiere al poder que imperaba en ese momento: la dictadura

gomecista. Insinúa que para un artista triunfar tiene que ser complaciente con la autoridad.

Es decir, hacerla entre otras cosas, sujeto y objeto de su arte. No quiere eso. Ni siquiera

exponer, no pinta para eso. La obra dramática nos perfila un Reverón que no quiere ser

expuesto ni él ni su obra. No le interesa ser complaciente ni con el gobierno de Gómez ni

con la clase privilegiada para recibir premios y condecoraciones. En uno de los parlamentos

se expresa sobre el poder y deja claro que a él no le importan las influencias. Se refiere

específicamente a Juan Vicente Gómez y frente a la imaginaria presencia de su mecenas

Alfredo Boulton, irónicamente le habla a su mono Pancho a quien ha vestido de pintor:

“Tócanos con tu genial obra, (…) pinta al General Gómez, el dueño de Venezuela, jajaja y

le pintas muy brillantes las charreteras (...) Pinta bien adornado al poder, pomposo, que

parezca solemne y serás premiado.” (P. 8)


Goza de una felicidad frenética. Desea pintar lo que le plazca y como mejor le

parezca. Es un espíritu libre. No obstante, voces del pasado lo quieren acercar al poder y lo

atormetan. En la siguiente cita se imagina que habla con su padre. “No papá la pintura no

es para que brillen las charreteras ni las medallas de ningún pendejo que se cree

poderoso porque tiene real o un cargo en el gobierno. ¡Vete al carajo papá!” (P.7)

Estamos presenciando los últimos momentos del pintor antes de ser llevado al

hospital. Como el título lo sugiere es su grito de libertad lo que él emite. Quiere que lo

dejen vivir en paz entre sus objetos, la mujer que ama y su locura: “¡No me lleven a ningún

hospital!. ¡No quiero dejar mi casa! ¡Déjenme morir aquí!, ¡déjenme morir aquí, con

Juanita, donde mi amada esposa también morirá!... ¡el niño Jesús les va a echar una

vaina!” (p.8)

Esta es una obra que nos retrata a ese gran pintor venezolano, a ese gran artista

plástico. Nos regala su imagen, su voz y sus movimientos. Es un canto al arte, a la libertad

y al amor inmenso que Reverón sintió por Juanita, por su castillete, por sus muñecas y

también por toda la naturaleza marítima que lo acompañaba.


01/02/2023

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