LIGIA ÁLVAREZ
esboza el viejo asunto planteado por Aristóteles, acerca de la condición del ser humano
como animal racional que analiza, procesa conocimiento, interpreta, reflexiona, negocia,
intercambia información y que además por su naturaleza política se asocia con otros
individuos para beneficiar u oprimir a la sociedad a la que pertenece. Es decir, vivir y
convivir. El dramaturgo presenta dos personajes inspirados en personas reales que
pertenecen a nuestra historia. Uno de ellos es Isaías Medina Angarita quien fue el
presidente del otrora Estados Unidos de Venezuela desde el año 1941 hasta el 18 de
octubre de 1945 cuando se le arrebata el poder. Por otro lado, tenemos a Laureano
Vallenilla Lanz- Planchar también conectado con la política venezolana e hijo de un
prestigioso intelectual de ese tiempo.
De acuerdo con George Polti existen treinta y siete situaciones dramáticas que se
repiten en todas los textos teatrales. En Animal político se identifica la situación
denominada “Desastre”. Polti la define así por presentar tres elementos que la determinan.
En primer lugar, un monarca derrotado (en el caso de esta pieza, un presidente). En
segundo lugar, un poder vencido a causa de un enemigo victorioso (Rómulo Betancourt
quien presidió la Junta Revolucionaria de Gobierno), y finalmente, un mensajero
(Vallenilla Lanz). Medina Angarita considera que el principal conspirador contra su
gobierno fue Betancourt. Es decir, es el enemigo. Aunque para el momento que conversan
Medina y Vallenilla es el presidente electo Rómulo Gallegos, el mandatario depuesto alberga la
esperanza de que Pérez Jiménez le haga lo mismo que a él le hicieron. Por eso,
percibe a Vallenilla Lanz como el mensajero que estimulará la conspiración de Marcos
Pérez Jiménez. Es su venganza y su esperanza para dejar el frío invierno que no soporta.
Vemos como temas como el destierro, el sentimiento de fracaso, la nostalgia y la revancha
se entretejen para dibujar el conflicto.


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